El no protocolo

La eterna confusión que existe y alimentan parte de los medios entre el protocolo y el respeto vuelve a darnos un ejemplo de cómo influye en la imagen y reputación de los protagonistas que lo ejecutan o no. 

Donald Trump, Melania Trump, Theresa May, Philip MayCabe recordar que aunque todo se englobe en este término, el protocolo supone implementar una serie de pautas ancladas en la ley, norma y/o costumbre o tradición en una organización o comunidad. Lo mas conocido; la presidencia, la precedencia y el anfitrión, aspectos que se deben ejecutar según corresponda, pero sin olvidar su labor estética y de generación de intangibles. 

Existe otro término que también es conveniente comentar; la etiqueta, que hace referencia tanto a la indumentaria como al comportamiento adecuado en el contexto en el que nos encontremos. Estarán de acuerdo conmigo cuando afirmo que no es lo mismo asistir a una boda que a un cumpleaños, al igual que hacerlo a una recepción oficial o a una reunión con personas de otras culturas, cuestiones que ayudan a hablar de estrategia en sí misma. 

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Es en este momento cuando entran en acción los llamados valores cívicos y los modales, que a día de hoy escasean y demuestran de nuevo la malinterpretación que existe sobre ellos. 

El respeto, la empatía y la cortesía por citar algunos, juegan en favor de los valores cívicos que un Jefe de Estado debería tener presentes, mas que nada porque también pueden hacer que su imagen se vea repercutida en negativo si falta a alguno de ellos, como se ha podido observar en la reciente visita a Reino Unido. 

Puedo entender que la imagen del presidente norteamericano nos recuerde mas a la de un joven que desestima todo lo relacionado con el sentido común, un valor que ha demostrado inexistente en sus actuaciones, pero lo que no, es el pasar de analizar o documentarse sobre otras visitas de mandatarios para ver cómo actuar, y que ha distado mucho de su comportamiento en la visita a Arabia Saudí.

No se ha roto el protocolo, ni ha fallado, (que por otro lado son expresiones erróneas, ya que éste se cumple o incumple), porque las reglas que se debían llevar a cabo estaban presentes. Lo que ha faltado han sido modales, la falta de asesoramiento y los valores cívicos. 

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Es por todos conocido cómo se debe actuar ante la Reina Isabel II ante los saludos, las esperas,  los himnos, la revisión de tropas…En el país mas cortés del mundo, no puedes mostrar la descortesía como elemento principal en tu comportamiento, al igual que no cumplir con una tradición. 

Por otro lado, desde el punto de vista inglés, sí ha quedado demostrado que se adaptan al invitado que tengan delante, respete este o no las costumbres de la Casa Real inglesa y sus actos oficiales. Al igual, que la gran forma física de la reina al seguir el paso de un POTUS que irradiaba supremacía con su comportamiento. 

¿Estamos ante un nuevo protocolo? Desde luego que no, hablamos de falta de sensatez y civismo. Lo que si, demostrar una vez mas como la escasez de éstos, dan como resultado, una mala imagen.  

La imagen del poder o el poder de la imagen

La pasada cumbre del G7 celebrada en Canadá, nos ha dado mucho que hablar entre las decisiones, las miradas, sonrisas, gestos y los regalos intercambiados pero sobre todo por uno de los momentos mas retratados y que conlleva diversas lecturas.

A la hora de que un mandatario acuda a una cumbre, y sobre todo el G7 que son los países que aglutinan mayor poder a nivel político y económico, (no sólo acuden miembros de esos países, también lo hacen representantes de organismos internacionales y de la Unión Europea) las imágenes que nos llegan de esos eventos internacionales son marcos de sus actuaciones y donde de un golpe de vista donde se pueden observar luchas de poder y si hay buenas relaciones entre ellos o no.

La imagen que mas ha trascendido es la que se ve a continuación

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La simbología junto con la actitud de algunos mandatarios, el contexto del momento y la posición de cada país, crea un frame que hace que el mensaje de ésta fotografía varíe dentro de unos parámetros dependiendo de quien la observe: desde que Trump tiene una pataleta hasta que todo el mundo depende de EEUU, pasando por una crisis internacional.

Pero si cambiamos el ángulo de la foto, vemos como nuestra opinión sobre los mandatarios y su situación puede cambiar. Incluso me aventuro a afirmar que denota esencia de dos teorías del liderazgo: la de comportamiento y la situacional, lo que nos da como resultado denominar líder a una persona dependiendo de la posición y lo que su comunicación no verbal expone en la fotografía que se publique.

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La importancia de la comunicación política es total. La transmisión de mensajes y la subjetividad de las opiniones según el mandatario, son esenciales para calibrar la balanza entre imagen y reputación de representantes y de sus países.

Cada líder, quiere comunicar el mejor mensaje para sus nacionales y a nivel internacional, por ello, el cambiar el ángulo, optar por fotografías serios o sonriendo de ese momento y enviar a prensa la imagen elegida en la que su presidente o primer ministro salga en la mejor situación, denotará una serie de valores positivos que influenciará directamente en la opinión pública que se tiene de ese cargo público.

En conclusión, todos buscan dar la mejor imagen de sí mismos y su participación en este evento internacional y si una fotografía publicada por sus equipos proyecta estos aspectos aderezados de una serie de valores según su comunicación verbal, conseguirá el objetivo de transmitir mensajes positivos a los actores de la sociedad internacional.

¿La imagen del poder o el poder de la imagen? Opinen ustedes mismos.

Gracias ATP y Twitter por las fotografías.

Discursos de fin de año

Al finalizar un ciclo como se puede considerar un año natural, los máximos responsables de las instituciones realizan balance y aprovechan las fiestas para mandar un mensaje de buenos propósitos y poner en conocimiento de los ciudadanos algunos retos alcanzados en el año que se va junto con premisas políticas y deseos de futuro. Los Presidentes autonómicos e incluso algunos alcaldes son ejemplos este pasado 2017.

Podríamos decir que la realización de estos discursos, son parte de la tarea de los responsables de relaciones institucionales, una disciplina complementaria al protocolo pero de la que no se habla demasiado, cuando sus funciones,  correcta y continua puesta en práctica, pueden suponer mejoras en la comunicación y en los vínculos con los diferentes públicos con los que se relacionan los miembros de las organizaciones, tanto públicas como privadas.

Mariano Rajoy como Presidente del gobierno no realiza un mensaje de estas características, aunque si una comparecencia ante la prensa, que puede recordarnos a una junta de accionistas para ver los resultados económicos de una empresa.

Sin embargo, son la mayor parte de los presidentes autonómicos (incluso Carles Puigdemont ha realizado uno este año desde Bruselas).

Si hay un discurso que aúna tradición e institución es el del Jefe del Estado el día 24. Unas palabras, este año desde el salón de audiencias de Zarzuela dichas por el Rey Felipe VI, llenas de simbolismo antes de comenzar la cena de Nochebuena.

Pero cabe decir que éste mensaje no es el primero que abre el periodo festivo, se le adelanta el presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, que guarda una misma escenografía y enfoque mas institucional que muchos de sus homólogos.

Algo que me ha resultado reseñable este año, es el cambio de tendencia, pasando del discurso de Navidad al mensaje de fin de año, o incluso, no realizar ninguno, siendo el día 31 el mas propicio para su publicación. Donde antes de felicitaban las fiestas cuando empezaban, ahora han dado paso a desear un feliz año y rendir cuentas de aquellos hitos conseguidos en el año que se va. Incluso nuevos planos y juegos de cámara empiezan a protagonizar éstos actos junto con unos mensajes mucho mas cortos.

Cada uno sigue su propio patrón, no hay un modelo a seguir, ni un dia preestablecido, ni una precedencia a seguir entre ellos, lo que puede causar alguna malinterpretación e incluso para muchos desvirtualizar el verdadero propósito de estas palabras televisadas.

Los misterios, belenes, luces y flores de pascua característicos de las fiestas navideñas, ahora dan paso a escenarios en museos, frente a obras de arte, espacios emblemáticos, siendo pocos los que resisten a su realización en sus despachos o salones de las instituciones que representan.

Una explicación podríamos encontrarla en la obsesión por la cercanía de los políticos, que ven en las instituciones una barrera con los ciudadanos a los que gobiernan. Incluso la creación de un mensaje generalista hacia todas las culturas y religiones que ahora confluyen en España, pueden ser motivo por el cual estos mensajes han ido cambiando de tendencia.

Tal es el cambio en la escenografia y el tipo de mensaje, que si quitamos la voz, podríamos decir que forma parte de cualquier campaña cultural o turística de un municipio o autonomía, restando por tanto valor añadido a lo de comunicarse con la población en los momentos festivos.

Creo que se debe recordar que esos mensajes son de índole institucional y como tal, debe contemplar una serie de elementos de ésta que contextualice al emisor y a la escenografía en la que lo realiza. Lo mismo ocurre con el personalismo, los mensajes no los da una institución, pero si una persona en nombre de ella, por lo que deberá ser el cargo el que predomine por encima del nombre.

Por tanto, el protocolo y las relaciones institucionales demuestran como va evolucionando y como nuestros políticos arriesgan en estos momentos y optan por dar este mensaje a la población. Sea mas acertado o menos en cuanto a la coherencia entre mensaje y contexto, es una herramienta mas de comunicación política que se pone a disposición de las instituciones, donde la escenografía cambia (dando mayor repercusión al patrimonio y la cultura) y el mensaje se hace mas corto.