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Protocolo Político

El protocolo siempre se han relacionado con el saber estar, cómo poner la mesa y cómo vestir correctamente, en definitiva, con prácticas habituales de personas con un alto nivel adquisitivo. Realmente, esta clase alta es la que le dió la popularidad al término y a su ejecución, llegando a considerarlo una práctica anticuada, anclada en las jerarquías sociales, sin dar cabida a pensar que realmente es una disciplina que va mucho mas allá. El protocolo no sólo se refiere a normas de conducta y vestimenta, también conlleva implícita una normativa sobre cómo organizar los actos, los pasos a seguir para su correcto desarrollo. En la receta del protocolo no pueden faltar cucharadas de educación, cortesía y respeto, unidas a tradición y cultura. Son conceptos que ayudan a conocerlo mas al detalle.

¿Existe un protocolo político?

Bajo mi punto de vista, van de la mano. A día de hoy, el protocolo no existiría a los ojos de la sociedad sin los políticos.

No es lo mismo transmitir a la sociedad la imagen de una institución fuerte y consistente en el transcurso de los actos, que una débil y desordenada. Hay que saber utilizar el protocolo en nuestro beneficio y en el de la propia imagen de la institución o del representante político para el que se realicen las tareas protocolarias. Tambien es acertado considerar al protocolo como herramienta de la comunicación política, tendiendo a una difusión positiva si se siguen las pautas predeterminadas y se tiene una estrategia de comunicación y publicidad acertada.
En esa perfección protocolaria, siempre queda un espacio para adaptarlo a cada persona, a cada organismo, a cada político. No se deben dejar entrever dicotomías negativas, todo debe ir en consonancia. Incluso podemos compararlo con el director de una orquesta que sabe cuando deben entrar en acción los instrumentos. El protocolo es igual.

Para seguir consolidando la disciplina y no trasmitir una imagen desfasada, se va adaptando a los nuevos tiempos, va cambiando progresivamente para ser mas moderno e incluir preceptos que hace años resultarían imposibles.
La percepción del ciudadano respecto al protocolo utilizado en los actos políticos, ayuda a transmitir una mejor imagen del mismo, junto con la estabilidad y la modernidad.

En conclusión, hay muchas opiniones sobre el protocolo que se encuentran ancladas entre si es necesario o se puede prescindir de él. A aquellos que piensan que son prácticas obsoletas, les invitaría a utilizarlo, y verían como simplifica el trabajo y los incidentes provocados por los aires de grandeza y superioridad de determinados representantes.

Micropolítica

“Los hechos son los hechos, pero la realidad es la percepción.”
Albert Einstein

Esta cita de Einstein, nos sirve para comenzar a realizar una pequeña reflexión sobre la percepción política ciudadana.

Esa percepción política ciudadana, depende de muchos factores y puede darse de diversas formas. Pero es en las formas unipersonales de ejercer política, donde existe un emisor para un solo receptor de manera directa, donde entra en su esfera mas personal. Es cuando hablamos de micropolítica.
Este término podemos definirlo en el ámbito político como aquello que comunicas en las distancias cortas, de tú a tú.
En la micropolítica, hay dos puntos importantes que influyen directamente en ella: la escucha activa, y la política de las emociones y los sentimientos.

Es haciendo escucha activa cuando se conoce de verdad lo que les preocupa a los ciudadanos.
La micropolítica va unida a esta habilidad, que consiste en escuchar a la otra persona, ya que es la mejor vía para enterarnos de sus preocupaciones, siempre que se escuche su mensaje con atención y se interprete correctamente.

Hay que apostar por conversar con el ciudadano cara a cara, donde él, exponga sus problemas, sus quejas y sugerencias, y que el candidato las reciba con la confianza que ello supone y proponga sus soluciones o alternativas. Es necesario crear un ambiente de reciprocidad entre el candidato y sus vecinos, donde el feedback o retroalimentación, nos enseñe su máxima esencia. Estamos hablando de llegar al punto en el que el candidato sea empático con sus conciudadanos, y donde se de cuenta de si lo que se expone en el programa electoral concuerda con lo que realmente necesita la sociedad.
En este punto, cuando se ha analizado si concuerdan problemas con soluciones, es donde entra en juego el segundo factor, la política de las emociones, importante en la percepción que se tiene del candidato.
Este componente dará el toque final a un correcto uso de la micropolítica, ya que gracias a él, se conseguirá limpiar la imagen pública del político, cambiarla o mejorarla.
Porque gracias a la naturaleza de la micropolítica, podemos palpar el carisma de un líder, su cercanía, sus ideas y sus propuestas de mejora.
Incluso los prejuicios creados alrededor de determinado político, pueden verse alterados.

Si extrapolamos la micropolítica al ámbito de las campañas electorales, bajo mi punto de vista, es la mas eficaz de las acciones que se pueden realizar, pero conlleva la condición de saber mantener su correcta utilización en las diferentes formas de comunicar que surgen despues: comunicación institucional, de partido, etc…
Siempre debe ser parte primordial en las estrategias políticas, por su eficacia y su bajo coste.
Porque los problemas ciudadanos, se rebajan cuando se perciben en esferas diferentes a su contexto, es con la micropolítica como podemos observar la verdadera magnitud de las contrariedades que realmente sufre la sociedad, y por tanto dar unas soluciones reales y concordantes con lo que los ciudadanos necesitan.
Gracias al uso de la micropolítica, conseguiremos dignificar la política.

Perversión política 2.0: ¿dignificar o desprestigiar?

Redes sociales y política, siempre han ido de la mano desde su integración a principios del siglo XXI. Se han complementado positivamente en muchos aspectos.
Pero es en los tiempos actuales, cuando esta interactuación entre políticos y comunicación 2.0, en especial entre representantes en instituciones de los ciudadanos de a pié con el mundo virtual, han supuesto un cambio en algunos aspectos hacia lo negativo, hacia mostrar los aspectos adversos de las actuaciones de unos y otros en sus respectivas tareas políticas.
En esta sociedad de la información, se dan casos cada vez mas numerosos de publicaciones en redes sociales, por parte de nuestros representantes a cualquier nivel, de ataques hacia otros políticos con los que comparten asiento en las instituciones públicas. Estos ataques, comienzan a estar documentados con vídeos y fotografías de las actuaciones que se realizan en nuestras corporaciones y organizaciones públicas, siendo en un porcentaje bastante alto, objeto de ataques perversos e incluso maquiavélicos hacia otros compañeros institucionales, con la finalidad de dejarles en mal lugar ante la opinión pública.

Hoy en día, es normal ver a nuestros políticos, utilizando las redes sociales para darse a conocer, contactar con otros políticos, con personas anónimas, en definitiva, humanizar y popularizar al usuario político.
Es cuando ese representante de la democracia se alía a la perversión cuando esa humanización que pretende conseguir en el mundo 2.0 se convierte en una cuestión animal, pasando de lo inteligente y lo amable que caracteriza a lo humano, a lo visceral e irracional de lo animal.
Están comenzando a utilizar la comunicación 2.0 como meras batallas de guerra, donde el ganador es aquel que tiene el atrevimiento a evaluar y crear un juicio paralelo en la sociedad sobre el vencido, siendo incluso víctimas de sus propias acusaciones y enjuiciamientos públicos virtuales.

Soy consciente de la libertad digital con la que actualmente contamos, y que la usamos para escribir lo que queremos, cuando queremos y como queremos. Esta libertad enumerada en muchos textos jurídicos, hace que nos realicemos la siguiente pregunta; dentro de la libertad digital que Internet y las redes sociales nos brindan, ¿Cual es el límite entre una política dignificada y otra desprestigiada?
Es cierto, que la realización de estas actuaciones, puede conllevar un conocimiento por parte de los ciudadanos mucho mas exhaustivo de los cometidos y actuaciones que se realizan en las instituciones públicas. Teniendo en cuenta la pregunta anterior, deberíamos ahora preguntarnos si esa información virtual y pública sobre la forma de hacer política es totalmente objetiva, o implica algo mas por parte de la persona que lo publica.

La reputación y prestigio de un político, se ve afectada desde el momento en el que piensa en la realización con fines dañinos de vídeos y fotografías durante los plenos, reuniones, comisiones y otras actividades políticas.
Cuando nuestros representantes se encuentran ejerciendo su trabajo como políticos, deben de dedicarse a que éste sea el mas completo, transparente y democrático posible, dejando de lado, la realización de vídeos o fotografías a los demás compañeros institucionales, para mas tarde mofarse de ellos en público.

¿Por qué se empeñan en ejercer una política dañina, en vez de una política democrática para los ciudadanos que les han dado su confianza con el fín de mejorar nuestro país?

¿Cómo vamos a conseguir dignificar la política, si los mismos que se dedican a ella, utilizan las nuevas tecnologías y las redes sociales, para desprestigiar a los partidos contrarios en las instituciones tanto a nivel local, autonómico y nacional?

Bajo mi punto de vista, esta mala práctica virtual, conlleva a percibir el trabajo político de manera distorsionada, sujeta a susceptibilidades que quitan toda objetividad a las decisiones que se toman en nuestras instituciones.

Pero si está mal visto el publicarlo, peor está por parte de los políticos y públicos afines el “clickear un me gusta” o compartirlo en sus muros, o “retwittear” una foto. Esta actuación es mas irrespetuosa aún que la anterior, ya que los que actúan así, dejan mucho que desear como profesionales, demostrando que la calidad política tiende cada vez mas a suspender que a arañar unas décimas para obtener un aprobado.

La calidad de nuestros políticos, comienza a ser cuestionable cuando se ven actuaciones de este tipo.
Después de esta reflexión, llego a la conclusión de que dedican su tiempo de trabajo para criticar, poner faltas a los demás y regocigarse con su público virtual de la hazaña nociva, en vez de para mejorar la calidad de vida de todos nosotros, que es para lo que se les dió legitimación en los diferentes procesos electorales.
Si realmente queremos una política de calidad, deberemos paliar estas actuaciones, mas características de la prensa rosa, que de una política española contemporánea de calidad.