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Comunicación y Estrategia

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Las estrategias de comunicación política, los procedimientos y fases que se estipulan con anterioridad para conseguir unas perspectivas determinadas, deben ser lo suficientemente maleable, donde se tenga en cuenta elementos incluidos en un plan b para adaptarse a posibles cambios en el contexto político en el cual se suceden.

Estas estrategias  si las extrapolamos a nivel  estatal, deben tener en cuenta la diversificación existente en su desarrollo, ya que deberán dirigirse a diferentes públicos, con diferentes objetivos a conseguir y con diferentes percepciones del gobierno central.

Dentro de esas acciones comunicativas que en suma dan como resultado toda la estrategia, las que más repercusión causan y las más esperadas, casi como el agua de mayo, son las ejecutadas por el propio presidente del gobierno.

El dilema aparece cuando, esta institución, que representa a todo un país  en el desarrollo de sus estrategias de comunicación, hace el vacío a quien le debe su poder.

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Sus palabras, alegatos y discursos en cualquier acto son, por un lado,  las de mayor trascendencia, por otro, en este caso concreto, insuficientes a lo que se espera.

Nadie ha dicho que fuera fácil afrontar una crisis en esa posición política, pero la rigidez con la que llevan a cabo su comunicación, hace que la ciudadanía española se sienta desamparada y decepcionada con sus gobernantes, y más cuando su presidente  se hace experto en comunicación europea pero que abandona la estatal, la que le ha dado los privilegios políticos de los que goza, sin dar ninguna explicación de sus acciones.

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Pero la cosa gana aún más en desconcierto cuando en sus labores comunicativas, solo contesta a nivel internacional, descartando de sus discursos lo negativo, negando la realidad en muchos casos, que prefiere quedarse corto a pasarse y que se le califique de dañino, sin caer en la cuenta de que la posición que ha tomado  hace que se le perciba como un presidente que no cumple expectativas, dubitativo y reservado en exceso, al que muchos califican como el presidente silencioso.

Esa desinformación a la que los españoles se ven sometidos por parte de su presidente, nos hace ver que la situación actual en la que nos hemos visto envueltos desencadenada por cambios políticos, episodios pasados y malas gestiones económicas,  le ha  venido en grande a una mala planificación estratégica en materia de comunicación a nuestro gobierno, donde la nula previsión de malos tiempos para la política hacen que la sociedad española no se sienta identificados con sus máximos representantes.

Esclavos y dueños políticos

Somos esclavos de lo que decimos y dueños de lo que callamos

El uso de las palabras comienza durante la campaña electoral. Esos “slogans” que tomarán protagonismo en cartelería, medios y discursos, no quedarán solo ahí, sino que acompañarán a los futuros partidos gobernantes y a sus candidatos en los mandatos para los cuales hayan sido elegidos entre la ciudadanía.

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Uno de los factores que comienza, bajo mi punto de vista en España, a tener una menor repercusión en campaña es la ideología.

Si la ideología manda como punto determinante en nuestra capacidad de voto, seguiremos votando al partido mas cercano a la nuestra, pero actualmente existe una crisis ideológica en contra de los grandes partidos en España, algo que corroboran desde el CIS en sus últimos barómetros.

Ésto viene dado a consecuencia de la pérdida de confianza en la clase política a la que nos enfrentamos. Cuando no conoces, confías, pero esta confianza es inversamente proporcional al conocimiento. Cuanto mas conocemos de unos y de otros, menos confianza producen en la población y en sus propios votantes, generando una sensación de mentira y engaño que desembocará en la desafección política y malestar general actual con este sector.

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Por tanto, la corroboración de este malestar tiene una doble vertiente; por un lado, viene arrastrado de legislaturas anteriores y el papel que han desempeñado unos y otros, de otro, por la utilización de unos determinados mensajes durante la campaña que se pierden en los mandatos posteriores. Tal es el caso de la palabra “cambio”.

Politica y protocolo cambio PSOEEl término “cambio”, ha sido elegido como principal en muchas ocasiones, algunas con acierto, otras carentes de el. Su uso es tan idílico y apetecible en las campañas electorales debido a las connotaciones positivas que suele conllevar y por la historia de su utilización en campañas políticas en otros países con resultados victoriosos, que ha sufrido desgaste por su utilización masiva. En algo que no suelen pensar quienes la proponen como principal en una campaña es que también es una palabra trampa que puede jugarnos una mala pasada, volverse en contra del partido que la utilice y crear connotaciones negativas en sus acciones.

Está claro que los mensajes que se dan en campaña deber ser actualizados y estar adaptados al contexto de la nación en la que se presentan. Lo que considero un error es caer en el olvido de las palabras pronunciadas en ésta una vez alcanzado el objetivo. Está claro que las circunstancias son las que a veces hacen dar pasos en falso, pero si un partido utiliza en su propio beneficio unas palabras para conseguir representación que mas tarde, cuando ya la tiene, olvida, conseguirá que lo tachen cuanto menos de trampa o fraude.Politica y protocolo cambio 2

Cabe recordar que la existencia de las nuevas tecnologías pone al servicio de la sociedad una función de vigilancia íntegra. El material audiovisual unido a la difusión masiva que puede darse en las redes sociales junto con el desazón candente debido al incumplimiento de las palabras clave en campaña, puede provocar situaciones comprometidas y perjudiciales para cualquier partido que falte a sus propuestas electorales.

Por consiguiente, es importante elegir las palabras de campaña como también es tenerlas presentes durante los mandatos posteriores. Considero que hay que utilizar palabras que definan, con sentido, que lleguen a la población, que condensen sus objetivos, y que no caigan en el olvido durante los mandatos, teniéndolas presentes como a quienes se movilizaron electoralmente a su favor porque confiaron en sus palabras y discursos.