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Perversión, símbolos y elecciones

Las campañas electorales son escenarios temporales a través de los cuales los partidos y candidatos lanzan mensajes a la población, con el fin de persuadir a los electores y finalmente conseguir su captación como votante, para así llegar al poder o mantenerse en él.

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En esos días, el marketing, la publicidad y la comunicación se vuelven un todo para que los que se presentan a los comicios consigan mas cuota de pantalla, titulares en prensa, entrevistas y por consiguiente mayor impacto para llegar a su máximo objetivo.

Como ya habréis podido comprobar, Cataluña se encuentra en plena campaña, pero esta vez con tintes diferentes a lo que estábamos acostumbrados: la activación del artículo 155 (que pocos conocían pero que ahora es el mas popular de la Constitución Española, incluso ha conseguido que muchos ciudadanos la lean) políticos encarcelados, independencia si o independencia no, huelgas y un “Molt Honorable President” para unos, “ex-President” para otros, haciendo campaña desde Bruselas, a la espera de la extraditación o no. Cualquiera diría que nos encontramos ante un guión de una película de Buñuel, pero como dice esa famosa frase, en ocasiones la realidad supera a la ficción.

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Pero si hay un aspecto que particularmente me ha llamado la atención, es la perversión de los símbolos institucionales y protocolarios como herramientas electorales.

Estos símbolos que establecen una relación de identidad con una realidad, generalmente abstracta, a la que evoca o representa, han encontrado en los alcaldes y los elementos institucionales que los distinguen, una poderosa herramienta de comunicación política y electoral.

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Cabe recordar que no es la primera vez que se utilizan, pero que resulta digno de análisis la proyección y el mensaje que supone la utilización de los bastones de mando para demostrar apoyo a los líderes del llamado procès catalán.

Los bastones de mando son símbolos que denotan la autoridad de su poseedor, el cual, lo adquiere tras ser reconocido como máximo gobernante de una comunidad, y por consiguiente, mayor representante de esa institución pública. Por estos motivos, deben ser utilizados para cuestiones derivadas de estos aspectos.

Es aquí donde una vez mas, encontramos como se difumina la delgada línea que existe entre lo institucional y lo político, al hacer uso de este símbolo como elemento electoral de apoyo a una persona o candidato.

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No voy a negar que el resultado de ver a los alcaldes con el brazo en alto portando sus bastones frente a los líderes que estos apoyan es una imagen influyente y cargada de significado, y mas cuando éstos han fletado un avión para viajar a Bruselas y demostrar presencialmente ese apoyo (cuestión aparte es de donde han sacado el dinero para realizar este viaje electoral).

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Pero en contraposición a la imagen que en ocasiones pecamos de tener como única verdad, debemos advertir que su valor debe regirse únicamente en labores relacionadas con la corporación en la que mandan, los actos y ceremoniales frutos de la tradición, costumbres y normativas que rigen el municipio del que son alcaldes y vecinos a los que representan, dejando a un lado las campañas y la desvirtualización del significado y la esencia del simbolismo local de este objeto por un momento de gloria televisiva.

Por tanto, utilicemos los bastones de mando como lo que son, símbolos institucionales no partidistas que identifican a todos los ciudadanos de la localidad.

 

Neoetiqueta política

Presentarse en una audiencia con el jefe de Estado sin corbata ha sido muy criticado, al igual que el hacerlo sin chaqueta, e incluso con una camisa arrugada, cuestión que roza mas la dejadez que la propia etiqueta.

La celebración del 12 de octubre sólo nos ha dado ejemplos una vez mas de como la etiqueta está cambiando a nivel político, dando lugar a una nueva etapa que podemos denominar “neoetiqueta”.

La etiqueta, definida como el comportamiento y vestimenta correctos según la situación en la que nos encontremos, ve como la tradición de utilizar complementos o los colores habituales de vestimenta se pierden en favor de la utilización de otras prendas o la preferencia por el no portar otras, siendo a nivel político donde mas evidente es y donde mas debate acerca de lo correcto o incorrecto.

Aunque haya un amplio abanico de la ciudadanía que prefiera políticos con chaqueta y corbata, lo cierto es que asistimos a como ésta va cambiando, al igual que la manera de hacer política y la continua transformación de la sociedad en sí misma.

He llegado a leer en medios que es un desprecio hacia el protocolo, lo que demuestra que quienes lo escriben no conocen esta disciplina, la cual, se caracteriza por su versalitidad y no por una rigidez impuesta.

La “neoetiqueta” atiende al cambio del relato político en España, donde encontramos nuevos actores y maneras de acercarse a la ciudadanía, lo que a su vez influencia la elección de la vestimenta de nuestros cargos institucionales y políticos.

¿Qué ocurre con las corbatas? El no uso de éstas suplen valores en los políticos como la cercanía, el civismo, la proximidad y el mensaje de que ciudadanía somos todos, rompiendo con esa estructura que la etiqueta política conllevaba hasta ahora. Cuestión totalmente aparte es la etiqueta elegida por las mujeres, que está mas predispuesta al cambio pero de la que se habla menos.

Los trajes de chaqueta  están pasando a nivel político por una crisis de identidad,  al asociarse con una imagen tradicional y a veces obsoleta, incluso con malas praxis como la corrupción, aspectos cuestionados que pueden llevar a una generalización que afecte a la reputación de los partidos e instituciones.

Eso si, estarán de acuerdo conmigo en que la asistencia como anfitrión o invitado de honor a un acto institucional, requiere de unos mínimos de etiqueta que vaya en consonancia con los demás protagonistas y así no reste protagonismo a la celebración del acto en sí.

Considero que la vestimenta, la coherencia y la ideología deben ir de la mano, sin olvidar que la etiqueta es una poderosa herramienta de comunicación y marketing y que su uso también puede venir condicionado por estos aspectos.

No estoy diciendo que debamos quemar los trajes de chaqueta (son una prenda que a día de hoy tienen mala reputación en política, pero esenciales para ceremonias y actos públicos o electorales),  sino que podamos optar según el evento y el contexto, por otros tipos de prendas considerados hasta ahora mas informales.

La propia sociedad comienza a utilizar para ir a trabajar polos, camisas de manga larga o pantalones chinos, artículos que dentro de la pirámide de la formalidad, se situarían mas en el centro.

En esta tendencia y volviendo a hacer referencia a lo visto ayer en el desfile del día de la Fiesta Nacional, hubo políticos y miembros de la Familia Real que usaron la bandera como parte del atuendo y etiqueta elegidos para estas celebraciones.

El uso de la bandera como patrón o como estampado abre un debate sobre el respeto a los símbolos patrios, el sentimiento de nación y la importancia de sentirse mas o menos español. ¿Debemos habituarnos al uso de la rojigualda como complemento de moda?

Nos guste mas o menos, el cambio en la etiqueta es una realidad que debemos tener presente y que según las tendencias, va a seguir transformándose.

Cambia la política, cambia el protocolo, cambia la etiqueta y su comunicación.

Banderas

Tras los últimos días en los que la crisis política en España como consecuencia del referéndum y la independencia de Catalunya, la venta de banderas de España, esteladas y  senyeras en todo el territorio nacional se ha incrementado hasta límites no vistos ni durante los mundiales de fútbol, que son momentos álgidos de venta de éstas.

Aunque los claveles se han convertido en el emblema por excelencia de los cambios políticos y sociales, las banderas en tonos rojos, amarillos, estrellas y escudos inundan balcones y se han convertido en estas dos últimas semanas en el complemento de moda favorita de muchos.

Pero cabe recordar que las banderas  son símbolos territoriales, de comunidades de personas, siendo su objetivo la identificación y representatividad de éstos, haciéndolos reconocibles a través de los códigos de rayas, colores y demás emblemas.

En el caso español se contemplan una serie de normativas, incluso en la misma Constitución Española, sobre qué es la bandera, la posibilidad de que las autonomías tengan la suya propia, cuando y cómo ha de usarse (recordamos aquí el post sobre colocación de banderas), lo que significan y el castigo por ultraje u ofensa hacia ésta. En la ley 39/1981 podéis leer mas al respecto.

Como símbolo, las banderas deben ser tratadas con respeto, ya que no son un adorno como parece que algunos consideran,  sino un elemento de comunicación de una sociedad como la española en este caso.

Enseñarla con el escudo al revés es lícito como forma de mostrar un territorio o nación en problemas, pero su uso desmesurado, arrugada, recién sacada de la bolsa con los pliegues perfectamente identificables, con el escudo a la derecha en vez de a la izquierda, rota o como capa, bufanda, pañuelo o babero entre otros muchos usos que hemos podido observar en estos días, deja mucho que desear sobre la consideración a este emblema e indirectamente, respeto a la sociedad que representa, por lo que pierde en esencia parte de su significado y diluye el simbolismo del que está impregnada.

A continuación expondré algunas fotografías de como no hay que utilizar las banderas:

Fuentes de la fotografías: Reuters, La cerca, PP de Monachil en Granada, Santi Vidal.