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Manifestaciones y Comunicación política

Una manifestación es una reunión pública para reivindicar algo o dar tu opinión, es un acto al que todos los ciudadanos tenemos derecho.

Al igual que se realizan a modo de protesta, también sirven para unir a la población ante determinados acontecimientos, como es el caso de atentados, homicidios y desapariciones. Es una manera de empatizar entre los propios ciudadanos.
El movilizar a un determinado grupo de personas para que acudan a manifestarse por sus derechos, es una de las primeras formas de participación ciudadana conocida y a su vez, han conseguido cambios positivos en la política en todos sus niveles. Son una de las vías mediante las cuales nuestra sociedad es partícipe de la política y los problemas de su país.
Son en sí actos de presión y reivindicación a tener en cuenta por nuestros representantes.
Las manifestaciones han ido cambiando con el tiempo, se modernizan, y sus convocatorias actualmente llegan a un volumen mayor de personas, al realizarse a través de Internet y redes sociales.
Bajo mi punto de vista, una manifestación es un acto de comunicación política debido a los actores que entran en juego en cuanto a su convocatoria, celebración, y su fin principal, manifestarse ante una determinada acción política llevada a cabo por parte de la institución pertinente y por lo que transmiten a la sociedad en general, tanto a nivel nacional como internacional. Contribuyen a generar una marca-imagen pública de nuestro país hacia el exterior y por tanto, un medio de publicitar nuestras ciudades.

Pero las cosas tornan hacia lo oscuro, hacia lo negativo y pierde su esencia cuando en esa acción de ejercer un derecho constitucional, existe la mínima posibilidad de generar enfrentamientos y disturbios.


Utilizar una manifestación para empañar una imagen, para hacer de la violencia la característica principal, hace que la crispación sea un factor inherente.
Las manifestaciones han ido cambiando a lo largo de su historia, y es a día de hoy cuando son utilizadas por personas que dejan ver nuestras prácticas mas primitivas y animales, y empañar con ellas un derecho pacífico que tanto ha costado conseguir en España.
El que un grupo de personas utilicen salvajemente las manifestaciones para efectuar actos vandálicos está fuera de lugar y fuera de todo derecho ciudadano.
Crean tensión social, problemas, violencia por el mero hecho de crearla, destrozos y en consecuencia, empañan la marca-imagen de las ciudades donde se producen.
Pero si negativo es esto, también es que los cuerpos de seguridad de estado tilden de enemigos a los manifestantes, y lleguen a agredir a todo lo que se mueven ante ellos.
Es complicado controlar los disturbios a consecuencia de las manifestaciones, pero nunca podría haber pensado que ejercer un derecho constitucional, daría lugar a la violencia gratuita por que sí, viéndonos expuestos al peligro de recibir algún golpe o encontrar nuestro coche o comercio totalmente destrozado y saqueado. ¿Es que ejercer el derecho a manifestarse, tiene como consecuencia perder el respeto a los demás? ¿El que unos lo lleven a cabo da derecho a otros a destrozar lo que tanto ha costado construir? ¿Son necesarios los golpes y los destrozos en una manifestación?

Por tanto, hasta que no se consiga un equilibrio entre los actores políticos que se relacionan en las manifestaciones, no conseguiremos aunar la imagen pública de nuestro país como un estado comprometido, respetuoso y como ejemplo a seguir.
Considero que las manifestaciones sirven para unir a los ciudadanos, para crear unidad, para generar revoluciones pacíficas y para mejorar, en definitiva, para hacer de la política, una política ciudadana.

Perversión política 2.0: ¿dignificar o desprestigiar?

Redes sociales y política, siempre han ido de la mano desde su integración a principios del siglo XXI. Se han complementado positivamente en muchos aspectos.
Pero es en los tiempos actuales, cuando esta interactuación entre políticos y comunicación 2.0, en especial entre representantes en instituciones de los ciudadanos de a pié con el mundo virtual, han supuesto un cambio en algunos aspectos hacia lo negativo, hacia mostrar los aspectos adversos de las actuaciones de unos y otros en sus respectivas tareas políticas.
En esta sociedad de la información, se dan casos cada vez mas numerosos de publicaciones en redes sociales, por parte de nuestros representantes a cualquier nivel, de ataques hacia otros políticos con los que comparten asiento en las instituciones públicas. Estos ataques, comienzan a estar documentados con vídeos y fotografías de las actuaciones que se realizan en nuestras corporaciones y organizaciones públicas, siendo en un porcentaje bastante alto, objeto de ataques perversos e incluso maquiavélicos hacia otros compañeros institucionales, con la finalidad de dejarles en mal lugar ante la opinión pública.

Hoy en día, es normal ver a nuestros políticos, utilizando las redes sociales para darse a conocer, contactar con otros políticos, con personas anónimas, en definitiva, humanizar y popularizar al usuario político.
Es cuando ese representante de la democracia se alía a la perversión cuando esa humanización que pretende conseguir en el mundo 2.0 se convierte en una cuestión animal, pasando de lo inteligente y lo amable que caracteriza a lo humano, a lo visceral e irracional de lo animal.
Están comenzando a utilizar la comunicación 2.0 como meras batallas de guerra, donde el ganador es aquel que tiene el atrevimiento a evaluar y crear un juicio paralelo en la sociedad sobre el vencido, siendo incluso víctimas de sus propias acusaciones y enjuiciamientos públicos virtuales.

Soy consciente de la libertad digital con la que actualmente contamos, y que la usamos para escribir lo que queremos, cuando queremos y como queremos. Esta libertad enumerada en muchos textos jurídicos, hace que nos realicemos la siguiente pregunta; dentro de la libertad digital que Internet y las redes sociales nos brindan, ¿Cual es el límite entre una política dignificada y otra desprestigiada?
Es cierto, que la realización de estas actuaciones, puede conllevar un conocimiento por parte de los ciudadanos mucho mas exhaustivo de los cometidos y actuaciones que se realizan en las instituciones públicas. Teniendo en cuenta la pregunta anterior, deberíamos ahora preguntarnos si esa información virtual y pública sobre la forma de hacer política es totalmente objetiva, o implica algo mas por parte de la persona que lo publica.

La reputación y prestigio de un político, se ve afectada desde el momento en el que piensa en la realización con fines dañinos de vídeos y fotografías durante los plenos, reuniones, comisiones y otras actividades políticas.
Cuando nuestros representantes se encuentran ejerciendo su trabajo como políticos, deben de dedicarse a que éste sea el mas completo, transparente y democrático posible, dejando de lado, la realización de vídeos o fotografías a los demás compañeros institucionales, para mas tarde mofarse de ellos en público.

¿Por qué se empeñan en ejercer una política dañina, en vez de una política democrática para los ciudadanos que les han dado su confianza con el fín de mejorar nuestro país?

¿Cómo vamos a conseguir dignificar la política, si los mismos que se dedican a ella, utilizan las nuevas tecnologías y las redes sociales, para desprestigiar a los partidos contrarios en las instituciones tanto a nivel local, autonómico y nacional?

Bajo mi punto de vista, esta mala práctica virtual, conlleva a percibir el trabajo político de manera distorsionada, sujeta a susceptibilidades que quitan toda objetividad a las decisiones que se toman en nuestras instituciones.

Pero si está mal visto el publicarlo, peor está por parte de los políticos y públicos afines el “clickear un me gusta” o compartirlo en sus muros, o “retwittear” una foto. Esta actuación es mas irrespetuosa aún que la anterior, ya que los que actúan así, dejan mucho que desear como profesionales, demostrando que la calidad política tiende cada vez mas a suspender que a arañar unas décimas para obtener un aprobado.

La calidad de nuestros políticos, comienza a ser cuestionable cuando se ven actuaciones de este tipo.
Después de esta reflexión, llego a la conclusión de que dedican su tiempo de trabajo para criticar, poner faltas a los demás y regocigarse con su público virtual de la hazaña nociva, en vez de para mejorar la calidad de vida de todos nosotros, que es para lo que se les dió legitimación en los diferentes procesos electorales.
Si realmente queremos una política de calidad, deberemos paliar estas actuaciones, mas características de la prensa rosa, que de una política española contemporánea de calidad.