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Engagement, sensaciones y eventos

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Existe una tendencia que ha aflorado en los últimos años, y que es extrapolable al sector de los eventos, hasta el punto de considerar indispensable su consecución para hablar de un evento exitoso; hablamos del llamado engagement con el público.

Este término anglosajón cada vez mas conocido desde el punto de vista comunicativo, hace referencia a los compromisos entre organizadores y público, donde la búsqueda de la interacción y la participación de los receptores del mensaje se convierte en un objetivo que influenciará en el éxito del lanzamiento y asimilación del mensaje. Si hablamos de eventos, el engagement busca la implicación directa de los asistentes a los eventos en todas y cada una de las etapas de los mismos; en su difusión, celebración y recuerdo.

Varios son los aspectos a tener en cuenta para alcanzar esta tendencia, siempre aderezado con la creatividad imprescindible en los eventos del siglo XXI. ; la generación de experiencias y la utilización del efecto wow o comúnmente conocido como factor sorpresa que genere emociones y sentimientos en los públicos a los que van dirigidos los eventos, junto con la creación de entornos agradables.

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Algo que llama la atención es que siempre se busque el ideal de lo positivo, poner en marcha la innovación que consiga que aparezcan sensaciones y afloren sentimientos siempre positivos: alegría, felicidad…por nombrar algunos.

Muchos son los profesionales que consideran que el entorno deberá tener estas características para hablar de engagement, opinión que respeto pero con la que discrepo;

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La memorabilidad positiva de un evento, ¿requiere obligatoriamente la implementación de dinamizadores en el mismo sentido o por el contrario, el público podría obtenerla estimulando otros sentimientos no asociados a la alegría, el júbilo o el gozo?

Considero que el uso de dinamizadores que generen sensaciones diferentes, siempre responsablemente, conseguirán alcanzar el mismo objetivo de recuerdo positivo que el engagement ideal persigue.

Teniendo en cuenta que los públicos cada vez son mas exigentes cuando asistes¡n a eventos, originar miedo, terror, sorpresa o sobresalto en un entorno creado para ello y siempre responsablemente, acaso no es una opción loable para conseguir que el público participe y genere recuerdos positivos?

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En el sector de los eventos, hay que cambiar el chip, abrir la mente y apostar por un modelo innovador que en ocasiones escasea; Se debe apostar por la búsqueda de nuevas sensaciones y sentimientos a través de la participación de los asistentes a los mismos desde otros puntos de vista, generando ambientes totalmente diferentes a los que los eventos los han acostumbrado.

Apostar por el engagement? Por supuesto, pero no anclarlo únicamente en la búsqueda de sentimientos positivos. Ahondemos mas en la multitud de opciones que el sector ofrece, pongamos entusiamo en la búsqueda de nuevas emociones y juguemos con dinamizadores distintos para conseguir el mismo fin; memorabilidad positiva de los eventos.

Micropolítica

“Los hechos son los hechos, pero la realidad es la percepción.”
Albert Einstein

Esta cita de Einstein, nos sirve para comenzar a realizar una pequeña reflexión sobre la percepción política ciudadana.

Esa percepción política ciudadana, depende de muchos factores y puede darse de diversas formas. Pero es en las formas unipersonales de ejercer política, donde existe un emisor para un solo receptor de manera directa, donde entra en su esfera mas personal. Es cuando hablamos de micropolítica.
Este término podemos definirlo en el ámbito político como aquello que comunicas en las distancias cortas, de tú a tú.
En la micropolítica, hay dos puntos importantes que influyen directamente en ella: la escucha activa, y la política de las emociones y los sentimientos.

Es haciendo escucha activa cuando se conoce de verdad lo que les preocupa a los ciudadanos.
La micropolítica va unida a esta habilidad, que consiste en escuchar a la otra persona, ya que es la mejor vía para enterarnos de sus preocupaciones, siempre que se escuche su mensaje con atención y se interprete correctamente.

Hay que apostar por conversar con el ciudadano cara a cara, donde él, exponga sus problemas, sus quejas y sugerencias, y que el candidato las reciba con la confianza que ello supone y proponga sus soluciones o alternativas. Es necesario crear un ambiente de reciprocidad entre el candidato y sus vecinos, donde el feedback o retroalimentación, nos enseñe su máxima esencia. Estamos hablando de llegar al punto en el que el candidato sea empático con sus conciudadanos, y donde se de cuenta de si lo que se expone en el programa electoral concuerda con lo que realmente necesita la sociedad.
En este punto, cuando se ha analizado si concuerdan problemas con soluciones, es donde entra en juego el segundo factor, la política de las emociones, importante en la percepción que se tiene del candidato.
Este componente dará el toque final a un correcto uso de la micropolítica, ya que gracias a él, se conseguirá limpiar la imagen pública del político, cambiarla o mejorarla.
Porque gracias a la naturaleza de la micropolítica, podemos palpar el carisma de un líder, su cercanía, sus ideas y sus propuestas de mejora.
Incluso los prejuicios creados alrededor de determinado político, pueden verse alterados.

Si extrapolamos la micropolítica al ámbito de las campañas electorales, bajo mi punto de vista, es la mas eficaz de las acciones que se pueden realizar, pero conlleva la condición de saber mantener su correcta utilización en las diferentes formas de comunicar que surgen despues: comunicación institucional, de partido, etc…
Siempre debe ser parte primordial en las estrategias políticas, por su eficacia y su bajo coste.
Porque los problemas ciudadanos, se rebajan cuando se perciben en esferas diferentes a su contexto, es con la micropolítica como podemos observar la verdadera magnitud de las contrariedades que realmente sufre la sociedad, y por tanto dar unas soluciones reales y concordantes con lo que los ciudadanos necesitan.
Gracias al uso de la micropolítica, conseguiremos dignificar la política.