18 Años de cárcel por violar a una mujer con discapacidad en una cabaña okupada de palma

Una barra de hierro, un cuchillo en el cuello y la certeza de que su víctima no podría defenderse. Así comenzó la pesadilla que ahora lleva al banquillo de la Audiencia de Baleares a un hombre que la Fiscalía cree que aprovechó la discapacidad mental de una conocida para secuestrarla, golpearla y violarla en una cabaña ocupada del barrio de Sant Joan de Déu.

La noche del 12 de noviembre: cuando el miedo se metió bajo la puerta

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La acusación es tajante: él sabía. Sabía que ella tenía una discapacidad mental porque compartían amigos. Sabía que la okupación del número 37 de la calle Jesús era un lugar apartado. Y sabía, sobre todo, que allí nadie la oiría gritar. Según el escrito de acusación, la llevó a la fuerza poco después de las diez de la noche. La amenaza de muerte no fue una frase: fue el filo de un cuchillo apretado contra su piel mientras la barra de hierro caía una y otra vez.

La víctima permaneció encerrada hasta la mañana siguiente. Diez horas que la Fiscalía traduce en 18 años de cárcel y 7.200 euros de indemnización. El juicio arranca este lunes a las 9.30 y se prevé que concluya el martes. La sala será la primera de la sección penal, la misma que en 2022 condenó a 23 años por una agresión similar en el polígono de Son Fuster.

El caso ha vuelto a poner el foco en un problema que Palma arrastra desde la crisis: más de 300 inmuebles okupados en los últimos cinco años, según el Colegio de la Propiedad. Muchos se han convertido en guetos donde la ley brilla por su ausencia. La cabaña de la calle Jesús llevaba tres años en manos de un colectivo que los vecinos denuncian por ruidos, peleas y, ahora, por algo peor.

La discapacidad como cebo. El aislamiento como trampa. La impunidad como moneda corriente. El fiscal Pedro Horrach ha incluido en su escrito un agravante que puede marcar jurisprudencia: el «abuso de situación de superioridad» no solo se refiere a la fuerza física, sino a la vulnerabilidad consciente de la víctima. Si la sala lo acepta, la sentencia fijará un precedente para futuras agresiones a personas con discapacidad.

El acusado, de 34 años y antecedentes por robo con violencia, se enfrenta a su tercer juicio. Su estrategia, adelantaron fuentes de la defensa, girará en torno a la «consensualidad» del encuentro. Una palabra que choca con la certeza médica: la mujer fue atendida con contusiones en costillas, brazos y muslos, además de una rotura del tabique nasal.

El juicio será rápido, pero el daño es de los que no cicatrizan. La víctima, hoy bajo tratamiento psiquiátrico, ha pedido que la declaración se haga por videoconferencia. La sala ha accedido. Será su primera y última vez que mire a su agresor a los ojos sin estar en la misma habitación. El veredicto llegará antes del viernes. Palma, entretanto, sigue contando cabañas ocupadas. Y la verdad, como siempre, se esconde en los detalles que nadie quiso ver.