302.000 Andaluces deciden desde el exilio el futuro de su tierra
El domingo 17 de mayo, mientras los colegios electorales de Andalucía abran sus puertas a las nueve de la mañana, 302.005 compatriotas despertarán en 157 ciudades distintas con la misma pregunta en la boca: ¿quién gobernará la tierra que dejaron atrás?
La cifra habla por sí sola: casi un pueblo entero —Mairena del Aljarafe tiene 22.000 habitantes— ejercerá el voto desde el extranjero. Argentina acoge al mayor contingente: 68.782 andaluces que llegaron en las oleadas de los 60 y 70 y que ahora, desde Buenos Aires o Córdoba argentina, siguen pendientes de si Moreno Bonilla mantendrá la mayoría o si Porras logra desalojar al PP. Francia, con 41.512, y Alemania, con 32.847, completan el podio de la diáspora. En París votan los que limpian oficinas; en Berlín, los que programan software. Misma sangre, distintos horarios laborales.
Lo que nadie cuenta es que el voto exterior ya no es anecdótico. En 2018 fueron 198.000. Ahora, 52 % más. El crecimiento no viene de nuevas emigraciones —la pandemia lo paralizó— sino de hijos y nietos que se apuntan al censo para conservar el DNI. La nostalgia ya se hereda.

Málaga lidera la diáspora: 70.000 emigrantes repartidos por el mundo
La provincia que fue puerta de salida en los años del corrala ahora lidera la lista: 70.764 malagueños residen fuera. Granada le sigue con 59.523; Almería, con 50.829. No es casual: las tres concentran la agricultura intensiva que expulsa temporeros cuando la temporada se acaba. Sevilla, la más poblada, apenas alcanza los 42.556. La capital exporta talento universitario; el poniente, bracería.
El voto desde el exterior se tramita por correo. Llega una carta, se rellena, se envía. Pero hay un detalle: el 34 % se queda en el camino. No llega a tiempo. Se pierde. El votante se rinde. En 2018, de los 198.000 empadronados, solo 130.000 lograron ejercer el derecho. Si se repite la tasa, el domingo solo contarán 200.000 papeletas. Bastan para decidir una majoría absoluta.
En el extremo opuesto del mapa, veinte países albergan a un solo andaluz cada uno. Un sevillano en Yemen. Una gaditana en Mongolia. Un jiennense en Fiji. Tres historias que nadie contará, pero que figurarán en el acta de escrutinio como un 1 que alguien en Bruselas tecleará en una Excel. La democracia, en su versión más minimalista.
El resultado andaluco se conocerá la noche del 17. Pero para miles de argentinos, alemanes o suizos el desenlace llegará a las tres de la madrugada, cuando sus móviles vibran con la notificación de El País. Algunos se levantarán para ir a la fábrica. Otros, para tomar el subte. Todos habrán votado. Y en la distancia, la tierra seguirá siendo la misma, aunque el gobierno que la regente ya no sea el que ellos dejaron.