A 117 millones de pesos le cuesta al gobierno cambiar la cara del transporte público

El domingo temprano, mientras la mayoría de los capitalinos aún dormía, Luis Abinader cortó la cinta de un edificio que promete convertir la OMSA en una empresa que respeta al pasajero y al empleado. RD 117 000 000, 1 400 m² de concreto y vidrio, tres pisos, un Centro de Control y 200 buses eléctricos en camino: esa es la apuesta del Estado por lavarle la cara al transporte de Santo Domingo.

La caja de mando que nadie pidió, pero todos esperaban

Onésimo González, vicepresidente ejecutivo de la Operadora Metropolitana, no quiso adornos: “Aquí vamos a fiscalizar cada unidad en tiempo real, como lo hace el sector privado”. Traducción: GPS, cámaras, datos de frenada, consumo de combustible y horas de conducción. El mismo domingo, los operadores sabrán si el chofer de la ruta 3B durmió en el primer semáforo. El usuario recibirá WhatsApp cuando el bus esté a dos cuadras. Eso dicen.

La modernización empezó hace siete meses, cuando González descubrió que la OMSA tenía más encargados que buses en ruta. Ahora, el nuevo edificio agrupa administración, taller y sala de crisis en un mismo lugar. El aire acondicionado no es lujo: es la forma de que un inspector deje de firmar en la acera a 38 grados de calor.

Víctor “Ito” Bisonó, ministro de la Vivienda, agarró el micrófono y advirtió: “Cuidar este patrimonio es tarea de todos”. Lo dijo mirando al alcalde Francisco Peña, quien asiente y calcula el costo anual de pintura y limpieza. RD 117 millones no perdonan descuidos.

200 Buses eléctricos y la promesa de no esperar más de ocho minutos

200 Buses eléctricos y la promesa de no esperar más de ocho minutos

La flota nueva llegará en lotes de 50. Primero los híbridos, después los 100 % eléctricos. La meta es simple: que la espera promedio baje de 25 a 8 minutos. La comparación es Bogotá, Santiago y Ciudad de México. La realidad, por ahora, es la fila que se forma en la parada de la 27 de Febrero a las 6:30 a. m. y que se disuelve cuando aparecen dos buses vacíos de golpe, como por arte de magia.

La electromovilidad tiene un pie dentro de la OMSA: 30 puntos de carga ya se instalan en el depósito de Mata Hambre. Peralta Romero, ministro de Justicia, sonríe y dice que los buses nuevos “no saben lo que es un casquillo sucio”. La frase suena a chiste, pero es la diferencia entre un motor diésel de 1998 y uno de batería lithium-ferro.

El usuario no verá cables colgando. La recarga se hará de noche, en tres horas, mientras el chofer cena. La tarifa, por ahora, no sube. El Gobierno absorbe la diferencia entre gasoil y kilovatio. Esa cuenta vence en 18 meses.

Al lado del nuevo cuartel, la ciudad judicial que viene

Al lado del nuevo cuartel, la ciudad judicial que viene

Abinader no se fue tras la foto. Caminó 200 metros, sobre los escombros del futuro complejo judicial que albergará tribunales, ministerio público y defensoría. La idea: que el pasajero que pierda el celular dentro del bus nuevo pueda denunciar sin trasladarse al centro. La obra costará otros 2 000 millones de pesos y estará lista antes de que termine el mandato. Si todo sale según el plan, la zona de Santo Domingo Oeste pasará de ser un punto de transbordo a un distrito donde se mueven justicia, transporte y empleo público.

Lucrecia Santana, gobernadora, resume la jugada: “Aquí no solo cambian los buses; cambia la percepción de que el Estado puede ser rápido”. Rápido es una palabra que en la OMSA nunca sobró. Hoy, al menos, tienen aire acondicionado para pensarla.