Abinador entrega 1.025 títulos y arranca el motor de la economía en hato del yaque
La fila de espera comenzó a las seis de la mañana. Vecinos de El Tamarindo, Mateo Pelón y Villa Progreso llegaron con sillas plegables, café en termos y la certeza de que, por primera vez, su casa iba a valer el doble. A las diez, Luis Abinader entregó 1.025 certificados de propiedad en Hato del Yaque, Santiago, y con cada firma borró décadas de incertidumbre.
Un papel que duplica el precio del ladrillo
El mandatario no necesitó alzar la voz: la cifra habla sola. Desde 2020, la provincia ya acumula 7.632 títulos y quedan 5.828 en trámite. El truco está en el artículo 42 de la ley de regularización: el lote ya no es “bien de familia”, puede servir de garantía bancaria, subdividirse o venderse sin pasar por juzgados. Abinader lo resumió en una frase que los presentes repitieron al salir: “Contar con un título permite duplicar o triplicar el valor de la propiedad”.
El golpe de timón es gratis para los beneficiarios. La UTECT calcula que cada familia se ahorró unos RD 106.000 en abogados, agrimensores y derechos de registro. Multiplíquelo por 1.025 y el Estado acaba de inyectar RD 108 millones de poder adquisitivo directo al bolsillo de los más pobres de Santiago.

El tamarindo ya no es un mapa sin nombre
En el sector El Tamarindo, Vilmania Tineo Gómez subió al estrado con su certificado en la mano izquierda y su nieto en la derecha. “Más que recibir un documento, recibimos estabilidad”, dijo. Tras ella, decenas de vecinos aplaudieron con el papel aún tibio del photocopy oficial. El acto político se transformó en catarsis colectiva: la casa que heredaron sin papeles, que nadie aceptaba como garantía y que los bancos miraban con desdén, de golpe tiene precio de mercado.
El dato que nadie mencionó en el podio: Hato del Yaque ya concentra 4.800 títulos, la mayor densidad de regularización del país. La próxima semana le tocará a Villa Fátima, donde Duarte Méndez, director de la UTECT, adelantó que quedan 2.700 unidades funcionales por entregar. El terreno intervenido solo en esta fonda alcanza los 103.191 m², equivalente a 14 campos de fútbol que pasaron de limbo legal a activo bancario en un santiamén.

La jugada que nadie ve
Abinader cerró su intervención con una amenaza velada: “Los títulos evitan los intentos de despojo o ventas irregulares”. Traducción: los “traqueteros” que compraban lotes a precio de gallina floja y los revendían con escrituras falsas quedan fuera del negocio. El ganador es el sistema financiero: los bancos locales ya captan nuevos clientes hipotecarios y las cooperativas de ahorro reportan un alza del 18 % en préstamos con garantía de tierra regularizada.
La primera dama, Raquel Arbaje, se encargó del sello emocional: entregó los primeros cinco certificados a familias lideradas por mujeres. La gobernadora Rosa Santos y el alcalde Ulises Rodríguez repartieron el resto, pero la foto que circula en WhatsApp es la de Vilmania besando el sello de la República. En la fila, un joven que no quiso dar su nombre susurró: “Con esto ya puedo pedirle la mano a mi novia y construir el segundo piso”.
El presidente adelantó que en las próximas semanas tocará el turno a Domingo Savio, en el Distrito Nacional, y a barrios de San Cristóbal y La Romana. La meta nacional: 167.000 títulos ya entregados y miles más en la cocina. La utopía de la titulación masiva deja de ser slogan y se convierte en factura política que alguien, tarde o temprano, cobrará en las urnas.