Albares pronostica una guerra sin fin en oriente medio y advierte que ya roza al líbano
José Manuel Albares, ministro de Asuntos Exteriores, ha arrancado la semana soltando una bomba verbal: ve un conflicto perpetuo en Oriente Medio y no detecta ni un atisbo de tregua. En su primera entrevista tras la escalada israelí contra Irán, ha cargado las tintas: “La situación en el Líbano empieza a parecerse a la de Gaza”.
La frontera del líbano se disuelve en refugiados
La cifra habla por sí sola: más de un millón de desplazados se amontonan frente a las costas de Chipre y Grecia, huyendo de un país que, según Albares, ya es “una auténtica tragedia humanitaria”. El titular de Exteriores no se anda con eufemismos: la intensidad de los bombardeos, los misiles y los drones convierte al Líbano en un nuevo campo de batalla donde la primera potencia militar del planeta, Estados Unidos, está directamente implicada.
Pero hay un detalle que nadie cuenta en los papeles de prensa: el estrecho de Ormuz. Albares avisa que si el paso clave del Gollo Pérsico sigue bloqueado, España notará el golpe en la factura de la gasolina y en el precio de los fertilizantes. “No es una consecuencia a corto plazo”, advierte, como quien señala la mancha de aceite que se acerca a la costa antes del desastre.

Irán y ucrania, la misma madeja
El ministro desenrolla un mapa mental: Irán suministra armamento a Rusia, Washington levanta sanciones al crudo moscovita y, de golpe, dos guerras lejanas se enredan en el mismo ovillo. “Empiezan a tener conexiones”, sentencia, sin necesidad de diapositivas.
¿Y qué pasa con las bases estadounidenses en territorio español? Albares corta por lo sano: “No hay indicios de reproche ni de sanción alguna”. La relación con Washington, dice, sigue siendo “fluida y densa”, como un café cargado que nadie se atreve a tirar a la cara del otro. La última vez que habló con Marco Rubio fue hace un mes y medio: Venezuela, Ucrania, Gaza. Siempre el mismo triángulo.

Feijóo, puigdemont y la estupidez que no cesa
La entrevista da un giro doméstico. Albares descalifica de plano la teoría de Alberto Núñez Feijóo, que acusó a Pedro Sánchez de usar a Puigdemont para ralentizar al Tribunal Constitucional y alargar la legislatura. “Está entre la estupidez y la calumnia”, espetó, sin atenuantes.
Sobre la Ley de Amnistía, el Gobierno espera con el cronómetro en la mano la sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea. Y respecto al catalán como lengua oficial en Bruselas, Albares suelta una ironía que destroza la narrativa del bloqueo: todos los países de la UE han dicho que no vetarán. “El PP ha jugado un papel muy, muy importante”, apostilla, dejando caer la sombra de la sospecha: sin la oposición ruidosa, quizá ni se hubiera forjado el diálogo bilateral con Alemania.
El ministro cierra la conversación con la certeza de quien ya ha visto este guion: la guerra no va a acabar mañana, ni pasado, ni quizá nunca. Mientras, los desplazados del Líbano siguen amontonándose en barcos que no llegan, el petróleo acecha el precio de los sueños y España, otra vez, se prepara para pagar la factura de un conflicto que no empezó en su patio y, sin embargo, le estalla dentro.