Amnistía desvela el lado oscuro del mundial 2026: deportaciones récord y ejército en la calle

Mientras la FIFA vende ilusiones y camisetas, Amnistía Internacional ha destapado la trampa migrante que se prepara para el Mundial 2026: medio millón de deportados en EE.UU. en 2025, 100 000 efectivos mexicanos ya desplegados y solo cuatro ciudades de dieciséis que han explicado cómo protegerán a hinchas, periodistas o manifestantes.

La respuesta de sheinbaum suena a despedida

En la mañanera le preguntaron por el informe. La presidenta Claudia Sheinbaum sonrió, desvió: «Yo espero que tengan un buen Mundial en todos los sentidos». Ni una palabra sobre los acuerdos que firmaron Dallas, Houston o Miami para que sus policías colaboren con ICE, el servicio de deportaciones que multiplica redadas en plena fiesta del fútbol.

La frase resume la estrategia: desear que todo salga bien y cargar el muerto al vecino. Pero los datos desmienten la cortesía. En EE.UU. las deportaciones crecen un 40 % cada trimestre. En México, el Estadio Azteca será blindado por militares que hasta ahora no han esclarecido 112 000 desapariciones. La ironía: la inauguración podría coincidir con una marcha de madres que pedirán justicia justo afuera.

El pastel de 5 000 millones y los derechos que sobran

El pastel de 5 000 millones y los derechos que sobran

La FIFA factrará 5 000 millones de dólares por derechos televisivos, pero ningún centavo está condicionado a que los anfitriones garanticen protección a la prensa, a la comunidad LGTBIQ ni a los trabajadores migrantes que levantarán gradas en tres países. El organismo se lava las manos: «Son asuntos soberanos». Traducción: el dinero entra por Delaware y los muertos salen por Tijuana.

Amnistía recuerda lo que la FIFA prefiere ignorar: desde Rusia 2018 hasta Catar 2022, cada Mundial deja un reguero de trabajadores muertos, activistas deportados y estadios que terminan como cementerios blancos de jornaleros. Ahora la cita es triple y el riesgo, también: tres leyes migratorias, tres ejércitos, una sola fiesta que dura un mes pero cuyas facturas se pagan durante años.

La organización exige planes de contingencia, prohibir la participación de fuerzas armadas en labores civiles y revocar las prohibiciones de entrada a EE.UU. para viajantes de países musulmanes o transgénero. Recomendaciones que, hasta hoy, solo han encontrado eco en cuatro ayuntamientos y en ninguna embajada.

El mensaje es claro: el Mundial 2026 ya no es solo un torneo. Es el espejo donde América del Norte exhibe sus fronteras sangrantes, sus ejércitos de ocupación y sus gobiernos que desean «que todo salga bien» mientra firman convenios para que todo salga rápido, callado y lejos de las cámaras. La pelota empieza a rodar en junio de 2026. Las deportaciones, las desapariciones y las protestas ya empezaron.