animales

Excavaciones en cisjordania: arqueología o una nueva estrategia territorial?

En el árido paisaje del desierto de Judea, un debate ancestral resurge con cada pala de tierra removida. No se trata solo de descubrir vestigios de civilizaciones milenarias, sino de una compleja pugna por la narrativa histórica y, en última instancia, por el control del territorio. Las excavaciones en Tala'at Ad-Dam, un enclave a lo largo de una ruta de peregrinación que, según la tradición, fue transitada por los padres de Jesús, se han convertido en un campo de batalla silencioso entre la preservación del patrimonio y las tensiones geopolíticas.

El peso de la historia en un territorio disputado

El sitio, uno de los más de 5,000 yacimientos arqueológicos en Cisjordania – un territorio cuya soberanía es objeto de conflicto – es gestionado por Eyal Freiman, vicario del personal para arqueología de la Administración Civil de Israel en Judea y Samaria. Freiman insiste en que su trabajo está desprovisto de consideraciones políticas: “No actúo según mis opiniones políticas. Si no excaváramos aquí, probablemente estaría medio enterrado”. Una declaración que, sin embargo, choca con la realidad de un enclave en territorio palestino ocupado, según la ONU.

Talya Ezrahi, de la organización arqueológica israelí Emek Shaveh, plantea una pregunta incisiva: “¿Para quién se está preservando esta historia?”. Afirma que la arqueología se ha convertido en una herramienta para legitimar la presencia israelí, buscando “siempre encontrar algo que indique la vida judía en la tierra de Israel, para reclamar que estuvimos aquí primero”. Esta instrumentalización de la arqueología, según Ezrahi, ha derivado en la restricción del acceso de los palestinos a sus propios sitios históricos, contribuyendo a la expansión de asentamientos y la apropiación de tierras.

Un claro ejemplo de esta dinámica es Nebi Samuel, donde se cree que está enterrado el profeta Samuel. Un pueblo palestino fue desmantelado para dar paso a un sitio turístico, dejando a Eid Barakat y a su familia en una precaria situación de vivienda temporal desde 1971, sin obtener permisos de construcción.

Un presupuesto millonario y una narrativa en conflicto

Un presupuesto millonario y una narrativa en conflicto

Israel ha destinado casi 100 millones de dólares a desarrollar sitios arqueológicos y turísticos en Cisjordania, una inversión que, según algunos, alimenta una narrativa histórica sesgada. Adi Shragai, arqueóloga israelí, defiende la importancia de proteger estos sitios para la humanidad, pero reconoce la complejidad de separar la arqueología de la política. “Tantas partes de la historia han sido borradas simplemente porque alguien decidió construir encima”, lamenta.

Zaid Azhari, un palestino que vive en Sebastia, una antigua capital del Reino de Israel, y que se dedica a guiar turistas por la zona, denuncia la exclusión a la que son sometidos los palestinos durante las excavaciones israelíes: “Los israelíes no nos permiten trabajar dentro del sitio. Si empiezas a trabajar aquí, verás drones por encima, soldados vendrán, los colonos vendrán”. La reciente orden de expropiación de tierras en Sebastia, que afectaría a más de 300 acres de terreno, amenaza con aislar a la comunidad palestina de su patrimonio y de su principal fuente de ingresos.

Rafi Greenberg, profesor de arqueología en la Universidad de Tel Aviv y cofundador de Emek Shaveh, subraya que “los hallazgos arqueológicos no están en el pasado, están en el presente”. La historia, según Greenberg, se construye y se reinterpreta constantemente, y la arqueología se convierte en una herramienta para afirmar identidades y reclamar derechos. La experiencia en la Ciudad de David, un sitio donde se cree que el rey David construyó su capital, es paradigmática: un parque nacional con tirolesas, construido sobre ruinas milenarias, que fue objeto de condena por la ONU en 1980.

El ministro israelí de Patrimonio, Amichai Eliyahu, defiende la importancia de la arqueología para la identidad judía, afirmando que “estamos pisando la historia en la que se basa toda la Biblia”. Su declaración, cargada de simbolismo, refleja la visión de un gobierno que considera que la arqueología es una herramienta para legitimar la presencia israelí en la región, llegando incluso a negar la existencia de un pueblo palestino como entidad histórica.

La arqueología en Cisjordania no es una simple excavación de ruinas. Es un espejo que refleja las tensiones políticas y los anhelos de un pueblo y un territorio atrapados en un conflicto ancestral. Mientras tanto, la tierra, silenciosa testigo de milenios de historia, sigue guardando secretos, esperando a ser desenterrados – o, quizás, a permanecer ocultos para siempre.