António costa lanza una última advertencia a irán y eeuu: la diplomacia o el abismo

La UE acaba de sacar la pistola diplomática. António Costa no pide: ordena a Washington y a Teherán que se sienten ya, porque el siguiente misil puede ser el que encienda la mecha de una guerra regional que nadie podrá apagar.

El presidente del Consejo Europeo publicó anoche un mensaje que suena a ultimátum: «La UE sigue instando a todas las partes a desescalar y a dar una oportunidad a la diplomacia por el bien de la seguridad y la estabilidad en Oriente Próximo». Palabras de manual, pero esta vez va en serio. La conversación que mantuvo minutos antes con Mohamed bin Zayed, presidente de Emiratos Árabes Unidos, dejó claro que los drones iraníes ya no solo caen sobre infraestructura: caen sobre la paciencia de los países del Golfo.

El chantaje silencioso de los petroleros

Costa no mencionó el petróleo, pero lo olió. El 20 % del crudo que llega a Europa pasa por el estrecho de Ormuz. Si Iran bloquea esa arteria, el barril se dispara a 120 dólares y la inflación en España toca el 6 %. La UE, que ya resiste un crecimiento del 0,2 %, no puede permitirse otro shock energético. Por eso el mensaje europeo va acompañado de una oferta que solo se negocia en los pasillos de Bruselas: levantar parcialmente las sanciones petroleras a Irán si Teherán frena los ataques con drones. Algo que ni Washington ni Jerusalén quieren oír.

La jugada de Costa tiene un calendario. El próximo 13 de julio el Consejo de Asuntos Exteriores de la UE debe renovar el mandato de la misión naval ATALANTA en el Golfo. Alemania ya ha avisado: sin una tregua iraní, retira su fragata. Y sin la armada europea, la marina estadounidense se queda sola custodiando los superpetroleros. Traducción: si la diplomacia falla, la UE se lava las manos y EEUU se traga otro conflicto en plena campaña electoral.

Lo que bin zayed le susurró a costa

Lo que bin zayed le susurró a costa

En la llamada, el mandatario emiratí pasó factura: en lo que va de año, drones iraníes han atacado 14 veces objetivos dentro de sus fronteras. El último, el 31 de mayo, contra un oleoducto de Abu Dhabi. Bin Zayed quiere garantías de defensa aérea y, sobre todo, que Europa no venda más tecnología de doble uso a Teherán. Costa le respondió con lo único que tiene: palabras y la promesa de una reunión extraordinaria de ministros de Exteriores la semana que viene. Poco, pero más que lo que ofrece la Casa Blanca, inmersa en su propia danza entre Biden y Trump.

La frase que nadie firma: «Si Irán cierra Ormuz, la UE activará la cláusula de defensa mutua». Es decir, el artículo 42.7 del Tratado de Lisboa: un ataque a un socio es un ataque a todos. Por ahora es solo un rumor que circula en la sala de crisis de la OTAN. Pero los estrategas lo han anotado. Porque en el Mediterráneo oriental ya hay tres portaaviones estadounidenses. Y en la base de Rota, los destructores españoles recibieron orden de mantener los mísiles listos. La partida está servida.

Costa sabe que esta puede ser su última bala antes de que el tablero estalle. Si la diplomacia fracasa, el estrecho de Ormuz se convertirá en el nuevo Estrecho de Gibraltar de 1936: una frontera donde se prueba quién se atreve a disparar primero. Y Europa, otra vez, pagará el precio de no haberlo evitado.