Argüello rechaza fijar cifras a las víctimas: «el dinero no cura la herida»

Luis argüello ha dicho este martes que no habrá baremos ni cantidades cerradas en el protocolo de reparación a las víctimas de abusos sexuales dentro de la Iglesia. La frase, lanzada en la COPE, suena a filosofía moral: «Poner solo los ojos en la reparación económica parece algo ofensivo». Ofensivo para quién, se preguntan los afectados, que llevan décadas pidiendo justicia y una indemnización que al menos reconozca el daño.

El dinero «estará», pero sin número

El presidente de la Conferencia Episcopal Española matizó que la cuestión económica «tiene que estar y estará» en el documento firmado ayer por el Gobierno, la Iglesia y el Defensor del Pueblo. Pero el anuncio se queda en el aire: Hacienda debe aún regular las exenciones fiscales para que las compensaciones —cuando lleguen— no sean devoradas por el IRPF. Traducción: la Iglesia no quiere que el Estado le reste poder de negociación caso por caso, y el Ejecutivo, que pagará con fondos públicos, aún no ha decidido cuánto le costará al erario.

El protocolo, presentado ayer como un «paso histérico» por parte de la CEE, no establece ni plazos ni cuantías mínimas. Fuentes del Ministerio de la Presidencia confiesan que la negociación se encalló precisamente en ese punto: la Iglesia teme que una tabla previa abra la vía a demandas masivas con cifras que puedan superar los 200 000 euros por caso, según los criterios que fijó la comisión de expertos en 2021. Argüello lo niega: «No se trata de mercantilizar el dolor». Pero el dolor, cuando no se nombra, también se desvaloriza.

Francisco a la vista y la agenda a medias

Francisco a la vista y la agenda a medias

Mientras tanto, la visita del papa en junio ya tiene ruta: Madrid, Barcelona y Canarias. Argüello asegura que el programa «definitivo» se conocerá «de manera inmediata», aunque las inscripciones para eventos diocesanos siguen cerradas. La Santa Sede aún no ha dado el visto bueno y los obispos temen que los espacios se queden pequeños si se abren antes de saber cuántos fieles podrán acoger a Francisco. La tensión entre protocolo y pastoreo se palpa: la imagen de cercanía del papa choca con la burocracia interna que retrasa la agenda.

El resultado es un doble suspense: por un lado, las víctimas esperan una cifra que el arzobispo no quiere fijar; por otro, los fieles aguardan una fecha que el Vaticano no termina de confirmar. Entre medias, la credibilidad de la institución se mide en plazos incumplidos y en silencios que, poco a poco, van sumando más interés que las promesas.

La verdad —esa que Argüello dice perseguir— se esconde en el detalle que nadie quiere cuantificar: cuánto vale, en euros y en tiempo, reparar una vida rota por la propia Iglesia. Mientras la cifra no aparezca, la herida sigue abierta y la cuenta, sin número, crece.