Austin aprieta el paso: 6.000 sin techo y un plan que promete vivienda real en 24 meses

Las colchonas se apilan en el suelo del refugio de Rundberg y ya no cabe ni un alfiler. A cien metros, un hombre duerme dentro de un refrigerador abandonado. Austin ha dicho basta: el Concejo ha aprobado un plan que debe sacar a 6.000 personas de la calle antes de que acabe 2026. El reloj corre y la ciudad apuesta 55 millones de dólares a que esta vez la casa no se quede en un cartel de propaganda.

La hoja de ruta que llega tarde y que todos firmaron

David Gray, el hombre que firma la estrategia municipal, repite como un mantra que «no se trata solo de camas, sino de llaves». El documento lleva 27 sellos de entidades: desde la Policía hasta la iglesia episcopal, desde Amazon hasta el sindicato de camareros. Entre tantas firmas huele a pacto de mínimos, pero también a la última bala. El plan prevé 1.250 nuevas plazas con apoyo permanente, dos centros de navegación –el segundo abrirá en marzo en un antiguo Walmart del sur– y un fondo de alquiler rápido que promete pagar el depósito en 48 horas. Todo muy bonito, pero los campamentos siguen creciendo bajo los puentes de I-35.

La ciudad ya compró el motel South Oaks. Lo renovó. Lo inauguró. Y a los tres meses el 40 % de sus nuevos inquilinos abandonó: olor a ratas, colas para ducharse a las 4 a.m., reglas que obligan a desalojar si se pierde la tarjeta de acceso. Tony Carter, que estuvo dentro y fuera del sistema entre 2019 y 2022, lo resume con una frase que duele: «Te dan una llave, pero no te dan dignidad». Ahora vive en un RV rojo estacionado en Montopolis y sólo entra a los refugios «cuando llueve y el agua me llega a los tobillos».

El dinero que no alcanza para la renta ni para el taller

El dinero que no alcanza para la renta ni para el taller

Ashleigh Hamilton, de la coalición ECHO, reparte cheques de hasta 1.500 dólares a familias que están a una factura de quedarse en la calle. Reparar el coche para ir al trabajo, pagar la guardería un mes extra, una operación de muelas: «El desalojo empieza en el dentista», dice. El programa llegará a 1.100 hogares este año, pero la lista de espera ya supera los 3.000 nombres. Y hay un detalle que nadie firma: la ayuda no se puede usar para pagar rentas atrasadas en casas que superan los 1.200 dólares mensuales. En Austin, ese precio ya sólo existe en el extrarradio.

Mientras tanto, los refugios siguen perdiendo gente por los mismos agujeros: colchones sin funda, despertadores a las 5 a.m. para desalojar, y la consigna de «no se admiten mascotas» que condena a cientos de personas a dormir con sus perros bajo los puentes. La ciudad promete inspectores y formación al personal, pero los trabajadores sociales ganan 18 dólares la hora y la rotación es bestial: se fugan a Amazon, donde el almacén paga 22 y no hay que aguantar peleas por una manta.

La cuenta atrás empieza ahora

La cuenta atrás empieza ahora

La primera evaluación llegará en enero de 2025. Si para entonces no hay al menos 2.000 personas trasladadas a vivienda permanente, el plan pierde fuelle y el Concejo tendrá que explicar por qué Austin sigue teniendo más gente durmiendo en la calle que hace dos años. La cifra habla por sí sola: cada noche nacen tres campamentos nuevos y la policía desaloja cuatro. Es el baile de la cuerda floja, y el público son los que duermen en ella.

El plan se llama «Home for Good», pero Carter prefiere no traducirlo: «Suena a slogan de campaña». Mientras tanto, él sigue guardando latas de conserva en su RV y repitiendo la misma frase cada vez que alguien le pregunta si confía: «La esperanza no se paga con ladrillos, pero sin ladrillos no hay esperanza». Austin tiene 24 meses para demostrar que esta vez la promesa no se queda en el asfalto.