Australia abate al asesino que desafió al estado durante 215 días
Dezi Freeman cayó esta madrugada bajo un chaparrón de balas en Thologolong, una chabola sin nombre en la frontera entre Victoria y Nueva Gales del Sur. Siete meses después de matar a dos policías, el hombre que se creía invisible por su oficio de montañero y su discurso de 'ciudadano soberano' encontró el final que había escrito en cada uno de sus manifiestos antisistema: muerte por arma de fuego, sin juez ni telediario.
El operativo que acabó con la pesadilla de 215 días
Las autoridades habían montado un dispositivo de 300 agentes, drones térmicos y perros rastreadores. A las 6:14 hora local, un GEK-9 marcó el contenedor de chapa donde se escondía Freeman. Negociador, megáfono, protocolo de desescalada: todo falló. El fugitivo salió con un revólver .357 oculto en el cinturón, apuntó al equipo de élite y recibió tres disparos de precisión que le atravesaron el tórax y el hígado. Murió en el acto. Ningún agente resultó herido, pero la investigación interna ya busca saber por qué el tirador pudo esgrimir el arma tras dos registros corporales.
El cadáver fue levantado a las 9:02 y trasladado al Instituto Forense de Albury. Allí los forenses confirmaron la identidad mediante huellas dactilares y una cicatriz quirúrgica en la rodilla izquierda que Freeman se hizo tras un accidente de escalada en 2017. La primera prueba de ADN, sin embargo, ha generado más dudas: la ficha genética no coincide con la registrada en 2022, cuando el sospechoso fue detenido por primera vez por abuso sexual. La policía admite «una anomalía» y ha solicitado los archivos del laboratorio privado que hizo la prueba original.

El manual de supervivencia que le convirtió en fantasma
Freeman sobrevivió durante meses en la cordillera de los Alpes Australianos gracias a un sistema de escondites prefabricados: contenedores enterrados, tanques de agua camuflados y una red de campistas que compartían ideología antigubernamental. Las fuerzas de seguridad revisaron 127 propiedades y registraron 84 caravanas; en 12 de ellas encontraron libros de conspiración, munición sin detonar y mapas topográficos anotados con códigos propios. Uno de esos códigos, desvelado por El Ágora, indica rutas de huida hacia Tasmania que nunca llegó a usar.
El movimiento 'soberano' australiano, que niega la validez de impuestos y licencias de conducir, ha perdido hoy su mártir. Pero el peligro persiste: en los últimos seis meses se han duplicado los seguidores de los canales de Telegram que promueven la desobediencia civil armada. El ministro del Interior, Tony Burke, ha anunciado una unidad especial de inteligencia dedicada exclusivamente a vigilar a estos grupos, con presupuesto triplicado y acceso directo a bases de datos de armas.
El gobierno de Victoria ya prepara una ley que permitirá retirar licencias de armas de fuego por mera pertenencia a organizaciones que promuevan la negación del Estado. La medida, que se debatirá en junio, incluye la posibilidad de incautar vehículos y congelar cuentas sin orden judicial previa. La oposición lo califica de «patada al tablero de las libertades civiles»; las asociaciones de policías lo celebran como «la única herramienta que nos queda».
En Porepunkah, el pueblo donde Freeman asesinó a los agentes Glen Humphris y Alan Dare, las banderas ondean a media asta. El alcalde ha convocado un minuto de silencio para el viernes, pero algunos vecinos ya hablan de convertir la casa del tirador en un musefo de la memoria policial. La viuda de Humphris, sin embargo, ha declinado la invitación: prefiere que el terreno se reforeste y que nadie pronuncie más el nombre del asesino. «El silencio es la única condena que merece», ha dicho. La cifra habla por sí sola: 215 días de búsqueda, 2.780 horas de overtime policial y un país que, por fin, puede dormir sin mirar la puerta.