Australia y indonesia blindan redes para menores, pero 7 de cada 10 chicos siguen dentro
La prohibición era tajante: nada de Instagram, TikTok ni Snapchat para quienes no hayan cumplido los 16. Tres meses después, el regulador australiano admite que un ‘porcentaje significativo’ de adolescentes sigue colado en las plataformas. Indonesia, que estrenó su propio veto el sábado, ya apunta a Meta y Google por ‘colaboración escasa’. La guerra por la infancia digital acaba de estrenar su primer capítulo de fracaso.
El agujero australiano: 4,7 millones de cuentas canceladas y el 31 % de menes aún dentro
El 10 de diciembre Australia se convirtió en el laboratorio global de la restricción. La ley obliga a las redes a verificar edad bajo amenaza de multas de hasta 49,5 millones de dólares australianos. El informe que publica hoy eSafety muestra que el bloqueo inicial redujo la presencia de menores del 49,7 % al 31,3 %, pero deja en evidencia los trucos que siguen funcionando: cambiar la fecha de nacimiento en el perfil, repetir intentos de verificación o directamente registrarse con el DNI del hermano mayor.
La cifra habla por sí sola: siete de cada diez adolescentes que ya tenían cuenta antes de la ley conservan el acceso. YouTube, al no estar sujeto a la misma presión, retiene a casi la mitad. El regulador confiesa que muchos menores ‘no han recibido ninguna solicitud de comprobación’. Traducción: las empresas aplican la norma solo cuando les conviene.

Jakarta aprieta a las grandes: plazos de 24 horas y ceo bajo amenaza penal
Indonesia fue más rápida y más dura. El sábado entró en vigor su prohibición y el lunes la ministra Meutya Hafid ya había enviado cartas de advertencia a Meta, Google, TikTok y Roblox. El mensaje: tienen 24 horas para explicar cómo van a desactivar a los menores o se abren expedientes penales a los directivos locales. Hafid no se anda con eufemismos: ‘No han presentado un plan concreto’.
El país necesita que las firmas usen inteligencia artificial para detectar rostros infantiles o patrones de conducta, pero la tecnología que ofrecen —reconocimiento facial y algoritmos de edad— sigue siendo opt-in, es decir, se activa solo si el usuario lo acepta. Resultado: los adolescentes indonesios siguen dentro igual que los australianos, solo que ahora la amenaza es cárcel para los directivos, no solo la cartera.
La fiebre de los 16 se extiende y europa corre detrás
La oleada llegará pronto a la UE. España ya anuncia que elevará la edad mínima a 16 y hará responsables penales a los CEOs. Francia y Reino Unido trabajan en controles de edad más estrictos, pero ninguno ha osado prohibir de plano. El experimento australio-indonesio se convierte así en el termómetro que miden Bruselas y Washington: si la prohibición pura falla en países con leyes duras y marcos sancionadores, ¿qué puede esperar el resto del planeta?
La lección es clara: sin verificación obligatoria de identidad real —y sin voluntad de las plataformas de perder audiencia—, la edad mínima se queda en letra muerta. Los adolescentes lo saben y siguen un paso por delante. Mientras tanto, los balances de Meta, ByteDance y Google crecen cada trimestre. Prohibir no es sinónimo de proteger; solo cambia el lugar donde se esconde el problema.