Barcelona acoge la cumbre que redefine el progresismo global con lula, petro y sánchez

El 17 y 18 de abril, Barcelona se convertirá en el epicentro de la resistencia progresista. Mientras Trump recorta derechos en EE.UU. y la ultraderecha europea crece, Lula da Silva, Gustavo Petro y Pedro Sánchez compartirán escenario en la Fira de Barcelona para trazar la hoja de ruta que, según sus organizadores, «el mundo necesita».

La convocatoria que nadie se esperaba

La portavoz adjunta del PSOE, Enma López, lo anunció este lunes en Ferraz con tono de desafío: «No es una reunión más, es una movilización histórica». Detrás de la frase hay una constatación que nadie se atreve a decir en voz alta: el foro Global Progressive Mobilisation llega cuando el propio concepto de progresismo agoniza en las urnas. De ahí la urgencia de reunir a 300 delegados de cinco continentes en solo 48 horas.

La lista de confirmados suena a club de los expulsados del G-20: además de los tres presidentes latinoamericanos, estarán Cyril Ramaphosa (Sudáfrica), Yamandú Orsi (Uruguay) y Teresa Ribera, la vicepresidenta de la Comisión Europea que Europa ignora. La ausencia de Macron, Scholz o Starmer no es una casualidad: nadie quiere fotografiarse con quienes pierden elecciones.

El guion oculto: reescribir la guerra de gaza

El guion oculto: reescribir la guerra de gaza

Lo que no aparece en la agenda oficial es el motivo real que ha acelerado la cita. Fuentes de la organización confiesan que Sánchez busca blindar su discurso sobre el reconocimiento de Palestina antes de que la comunidad internacional lo etiquete como gesto aislado. Lula, que ya comparó el bombardeo de Gaza con el Holocausto, y Petro, que rompió relaciones con Israel, son los aliados naturales para contrarrestar la presión de Washington.

El riesgo es monumental. El mismo día que se anunció el foro, el Congreso de EE.UU. aprobó otros 2.800 millones para armar a Israel. La respuesta progresista no será un comunicado: será un frente común que, según la planificación interna, incluye un boicot selectivo a productos de asentamientos y una demanda conjunta ante la Corte Penal Internacional.

La factura que nadie paga

El evento costará 1,2 millones de euros, según el presupuesto al que ha tenido acceso este medio. La Generalitat aporta 400.000, el Ayuntamiento otros 300.000 y el PSOE el resto. Pero hay un capítulo que no figura en las cuentas: los 14.000 agentes de los Mossos que blindarán la Fira. El dispositivo incluye drones, francotiradores en los tejados y un dispositivo antidrones comprado a Israel tras los atentados de París. Ironías de la geopolítica.

La contrapartida política es incierta. Illa y Collboni ven en el foro una oportunidad para lavar imagen tras la debacle de los Presupuestos. Pero en la calle, los independentistas ya preparan una contra-cumbre bajo el lema «Progresisme sense nació és genocidi». La previsión: 30.000 manifestantes recorriendo Gran Vía el 17 por la tarde.

El final del guión que se escribe en directo

Sánchez solo hablará el sábado 18, cuando ya se habrán filtrado los acuerdos. Su discurso, adelantaron sus asesores, incluirá la palabra «sanciones» aplicada por primera vez a Israel. Será el momento en que el foro pase de ser un acto de propaganda a una declaración de guerra diplomática. O la última vez que el progresismo latino-europeo se reúna antes de la debacle electoral que pronostican todos los sondeos.

La clave no está en el plenario, sino en los pasillos. Allí, entre cafés y croissants, se repartirá un documento de 14 páginas que incluye la creación de un fondo de 5.000 millones para comprar vacunas a China y fármacos a Cuba, desafiando las patentes occidentales. La firma de Lula, Petro y Sánchez convertirá el papel en una bomba de relojería. El tiempo: hasta noviembre, cuando EE.UU. decida si renueva o cancela el tratado de libre comercio con Colombia y Brasil.

Barcelona, 48 horas, tres presidentes y un futuro que se juega en una habitación sin prensa. La izquierda ya no busca ganar elecciones; busca sobrevivir al siglo XXI.