Bogotá endurece pico y placa: 523 mil pesos de multa y carro al corralón desde hoy

La llave del carro pesa más que nunca en el bolsillo bogotano. Desde las 5:30 de la mañana, 522.900 pesos y la grúa acechan a quien ignore el Pico y Placa que cumple 28 años convertido en el policía silencioso del tráfico capitalino.

El calendario que decide quién se mueve y quién se queda

Lunes 30 de marzo: placas 1-2-3-4-5 en la nevera. Esa es la única frase que importa si su vehículo es particular y necesita cruzar la ciudad antes de las 9 de la noche. Los taxis, en cambio, bailan a otro ritmo: este turno les toca descansar a los que terminan en 7 y 8. A las motos, por ahora, la norma les sonríe.

El esquema nació cuando el diesel olía a futuro y los niños de hoy concebían aún a sus padres. Era 1998. Bogotá tenía 5,5 millones de habitantes y la Séptima seguía siendo un caño. Ahora somos ocho millones y el mismo truco intenta contener la furia de 1,6 millones de carros que respiran el aire que también robamos.

El negocio redondo del solidario y la etiqueta diplomática

El negocio redondo del solidario y la etiqueta diplomática

El que pueda pagar, circule. Esa es la lógica que esconden los 48.600 pesos mensuales del Pico y Placa Solidario: un peaje urbano que financiará, dicen, más TransMilenio y menos llanto en las paradas. La movilidad se volvió mercancía y los que antes se quejaban ahora hacen fila para comprar su salvoconducto.

Mientras tanto, los eléctricos —esa especie en extinción que cuesta ver en el semáforo— y los carros diplomáticos siguen siendo los intocables de la norma. A ellos les sobra pase, como si el aire contaminado distinguiera banderas o baterías.

El regional que aparece cuando la ciudad se vacía

El regional que aparece cuando la ciudad se vacía

Puente festivo: el último día se convierte en trampa. Desde el mediodía, los de placa impar aguantan ganas de salir; a las 4 de la tarde, les toca a los pares. La restricción acecha en nueve corredores que fungen como llaves de entrada a la urbe: Norte, Sur, Suba, Calera… donde empieza Bogotá y donde termina la paciencia.

La lógica pretende desincentivar el éxodo de quienes huyen del asfalto, pero lo cierto es que muchos prefieren pagar la multa antes que quedarse encerrados. El cerco, en vez de espantar, se ha vuelto peaje emocional.

El dato que duele: en 2025 el Distrito recaudó 46.700 millones de pesos por infracciones de tránsito, y la mayor parte salió de bolsillos que ignoraron este mismo cartel. La ciudad sangra por el tubo de escape y, mientras tanto, el reloj sigue corriendo. Mañana otra placa quedará fuera de juego y la rutina volverá a empezar. El aire no alcanza, pero la factura sí.