Bolivia se juega la vida contra irak a una sola bala
La selección boliviana llega al BBVA con la adrenalina por las nubes: remontó a Surinam el jueves y este martes enfrenta a Irak por el último billete al Mundial. Óscar Villegas, su técnico, lo resume en una frase que suena a mantra: «anímicamente muy arriba».
Una generación que se adelantó al calendario
Villegas confiesa que el plan era pelear por Catar 2022, no por la cita de 2026. «Pensaba en el proceso para 2030 y estos chicos decidieron ser protagonistas ya», dice entre risas contenidas. La Verde promedia 22,3 años de edad y lleva el orgullo de un país que solo ha pisado un Mundial tres veces: 1930, 1950 y 1994. Para los bolivianos de 35 años esta noche es, literalmente, inédita.
El entrenador repite que nadie es más importante que el grupo, pero hay un nombre que se escapa entre líneas: Ramiro Vaca, el mediapunta que firmó el 2-1 ante Surinam con un disparo que aún retumba en las gradas. «Queremos que jugar una final sea lo natural», insiste Villegas, como si quisiera borrar la idea de sorpresa.

El rival que no perdona
Irak aterriza con la experiencia de haber eliminado a Uzbekistán en penaltis y con un once donde destaca Mohanad Ali, el delantero que ya marcó 11 goles en la fase asiática. La FIFA coloca a los asiáticos 40 puestos por delante de bolivia en el ranking, pero en una eliminatoria a partido único el papel no sirve de escudo.
El BBVA, ese estadio de acero y cristal que parece un nave espacial posada en la sierra regiomontana, cobrará 53 000 personas. La entrada más barata cuesta 1 200 pesos mexicanos (65 dólares), tres veces el salario mínimo boliviano. «El mundo va a ver que bolivia compite», promete Villegas, y suena a amenaza.
La cuenta atrás empieza ahora
El vestuario visitante huele a eucalipto y a sudor adolescente. Afuera, las barras de La Paz ensayan el himno con la garganta rota. Dentro, los jugadores se calzan botas que parecen nuevas: ningún par ha pisado un Mundial. A las 20:00 horas locales, el silbato de Slavko Vinčić —el esloveno que dirigió la final de la Champions— pondrá fin a 90 minutos de historia o a una ilusión que comenzó demasiado pronto.
La frase final de Villegas se queda grabada: «Que sepan que estar acá es un privilegio». bolivia quiere convertir el privilegio en derecho adquirido. Irak piensa lo mismo. Solo uno regresará a casa con el pasaporte sellado.