Borbas regresa al césped y oviedo respira: el uruguayo puede salvar al colista
Thiago Borbas pisó el césped de El Requexón con sus botas puestas y el alma al hombro. Han sido 26 días desde que el uruguayo se retorció el tobillo en Vallecas y el Real Oviedo se quedó sin su único delantero que sabe romper líneas. Guillermo Almada lo observó desde el centro del campo: sonrió apenas un segundo. No era para menos: el colista de Primera lleva tres jornadas sin marcar y este domingo recibe al Sevilla con el agua al cuello.
El regreso de Borbas no fue espectacular: unos toques suaves, carreras de 30 metros, ejercicios de cambio de dirección. Pero fue real. El uruguayo, fichado en enero por 600.000 euros, se colocó en la subgrupo de readaptación junto a Ovie Ejaria, otro que lleva más tiempo en la enfermería que en el verde. El inglés, sin actividad oficial desde el 3 de diciembre, hoy solo hizo trabajo de control de balón. El cuerpo técnico no le da por recuperado, pero su presencia entibió la sala de fisios.
Los números que asustan sin borbas
Desde su lesión, el Oviedo ha disputado cuatro partidos: dos empates sin goles y dos derrotas. El equipo ha pasado de meter 0,8 goles por encuentro a 0,2. La sensación es peor que la estadística: sin el uruguayo, el conjunto azul se quedó sin referencia ofensiva y Álex Cardero se hundió en un mar de marcajes dobles. A ocho puntos de la salvación, cada balón que cuelgue en el Tartiere tiene olor a pena o a gloria.
La semana se presenta frenética. Almada perderá hasta cinco internacionales en los próximos días. Nico Fonseca y Fede Viñas juegan el martes contra Argelia; Kwasi Sibo se mide a Alemania esta misma noche; Hassan estará en Cornellá ante España; y Rahim viaja con Níger a Togo. El cuerpo médico ha pedido vuelos chárter para evitar agujetas y retrasos. La directiva, por ahora, se ha negado: «Prioridad al ahorro», murmuró un directivo en el pasillo.

El miércoles decisivo en el tartiere
El plan prevé una sesión a puerta cerrada el miércoles en el Carlos Tartiere. Será el ensayo general antes del examen del domingo. Allí Borbas deberá demostrar que no solo ha recuperado el tobillo, también el olfato. Si el uruguayo llega al 80 %, Almada podría lanzarlo al filo del descanso para romper la cintura sevillana. De lo contrario, volverá a apostar por un 'falso nueve' que hasta ahora ha sido más falso que nueve.
En la sala de prensa, el preparador charró fue claro: «Necesitamos goles, pero sobre necesitamos gente que crea que puede meterlos». La frase sonó a arenga y a desespero. A ocho jornadas del final, el Oviedo ha convertido cada entrenamiento en una trinchera. El domingo, a las 18:30, el Tartiere abrirá sus puertas. Si Borbas calienta, la grada respirará. Si no, la noche puede acabar en silencio de cementerio. El descenso acecha y el reloj ya no perdona.