Bruselas desmonta el mito eólico: las térmicas matan 30 veces más aves

La Comisión Europea acaba de sacar la calculadora y el resultado devuelve la voz a los molinos. Su mensaje: las centrales de gas y carbón causan más de 30 veces más muertes de aves por cada GWh que los parques eólicos. La cifra llega en una guía interna que envió este martes a los Veintisiete para que apliquen la Directiva aves sin bloquear la renovable que más rápido crece.

El documento, adelantado por El Ágora, no es una concesión verde: es un manual de supervivencia jurídica. Bruselas teme que los gobiernos usen la protección ornitológica como coartada para paralizar proyectos eólicos y así cumplir con el clima por papel, no por hechos. Por eso desgrana el orden de prioridades: primero evitar, luego mitigar, después compensar.

El enemigo no es la hélice, es la chimenea

El Ejecutivo recuerda que los aerogeneradores representan menos del 0,1 % de las muertes de aves causadas por humanos. El resto se lo reparten rascacielos, tendidos eléctricos, coches y, sobre todo, las térmicas que queman fósiles y alteran el clima. «El efecto acumulativo del cambio climático mata aves por desajuste migratorio, pérdida de hábitat y olas de calor», subraya la nota.

Pero hay un matiz: un parque mal ubicado —encima de una ruta migratoria o en la ladera donde anidan los quebrantahuesos— puede convertirse en una trampa mortal. Por eso la Comisión impone un filtro de sitio antes que ningún trámite. Si la mesa de planificación falla, la solución ya no es parar el proyecto, sólo amputar horas de funcionamiento.

Radar, ia y parada selectiva: la tecnología que salva plumas

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La guía prescribe un kit de mitigación que parece sacado de una película de espías: radares que detectan bandadas a tres kilómetros, algoritmos que aprenden los patrones de vuelo, geovallas que disparan la parada de turbinas en segundos. Alemania y Dinamarca ya lo usan; España lo está probando en el Ebro y Andalucía. El coste: menos del 2 % del presupuesto de un parque. El beneficio: reducir la mortalidad entre un 60 y un 90 % sin tocar la producción.

La clave está en los ajustes temporales. Parar las palas durante el paso de la migración primaveral resta apenas 15 horas al año, pero disminuye el 80 % de las colisiones. «Cada MWh que no se genera en esos minutos se recupera antes de la semana», asegura una operadora danesa citada en el informe.

Bruselas cierra el documento con una advertencia a los Estados: usar la Directiva Aves como escudo burocrático puede incurrir en infringencia. La protección es «a toda pluma», no sólo dentro de redes Natura 2000. Pero también es «a toda velocidad»: el 2030 acecha y el viento, con o sin pájaros, es el único recurso que puede duplicarse en esta década.

La lección es clara: si la UE quiere 420 GW eólicos en ocho años, habrá que elegir entre molinos con radar o chimeneas con cementerio de aves. La cuenta, por fin, está hecha.