Caicedo: siete años de batalla judicial y la acusación de 'lawfare'
Carlos Caicedo, aspirante a la presidencia de Colombia, ha levantado la voz, no para prometer el futuro, sino para denunciar un pasado que, según él, ha sido orquestado. Más de setecientas denuncias, cinco años tras las rejas y una narrativa que, a su juicio, ha sido sistemáticamente distorsionada para socavar su carrera política. La acusación: un entramado de 'lawfare' que busca silenciar voces disidentes.
El peso de las denuncias: un acumulado de cargos
La historia de Caicedo es un laberinto judicial que se extiende por casi dos décadas. Durante su gestión como Gobernador del Magdalena, se presentaron más de 700 denuncias ante diversos órganos de control – Contraloría, Fiscalía y Procuraduría – que, según sus declaraciones en una entrevista con Infobae Colombia, dieron origen a más de cuatrocientas investigaciones. La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) incluso concluyó que fue víctima de “montajes judiciales” y campañas de difamación.
El candidato presidencial no se limita a lamentar su experiencia personal. Sostiene que esta práctica de instrumentalización judicial es una constante en varias regiones de Colombia, un “lawfare” ejecutado por sectores vinculados a lo que él denomina “la vieja clase política tradicional mafiosa”. Un relato que busca conectar con un electorado desencantado con las élites y ansioso por un cambio radical.

De la prisión a la alcaldía: una victoria agridulce
Tras una temporada en prisión, Caicedo fue absuelto por el Tribunal Superior de Bogotá, un fallo que, según él, no ha sido reflejado con la misma intensidad en los medios de comunicación. Regresó a la vida pública y, sorprendentemente, fue elegido alcalde de Santa Marta, obteniendo, según sus propias palabras, “la votación más alta en toda su historia”. Un triunfo que, sin embargo, coexiste con la sombra de las acusaciones y la sensación de persecución.
Lo que nadie cuenta es que, a pesar de las reiteradas absoluciones, la narrativa negativa persiste. Caicedo denuncia un trato desigual por parte de los medios, que, a su juicio, priorizan la difusión de las denuncias sobre la publicación de los fallos favorables. Un factor que, según él, impacta directamente en la percepción pública de su figura.

El combate contra la corrupción: ¿prioridades equivocadas?
Caicedo plantea una acusación contundente: los órganos de control se enfocan en la persecución política en detrimento del combate efectivo contra la corrupción estructural. “No recuperan ni el cuatro por ciento de los cerca de cincuenta billones que se dice que se roban en la corrupción”, afirma, señalando una brecha alarmante entre la retórica y la realidad. Su caso, asegura, es un ejemplo paradigmático de esta priorización equivocada.
La transparencia, insiste Caicedo, ha sido su bandera en todo momento. Ha sometido su gestión al escrutinio judicial, consciente de que la rendición de cuentas es un pilar fundamental de la democracia. Pero, a su juicio, el uso instrumental de los órganos de control como herramientas de disputa política ha minado la confianza en la justicia colombiana y ha generado un clima de polarización.
Con una trayectoria marcada por la controversia y la resiliencia, Carlos Caicedo se presenta como un candidato que desafía el status quo. Su relato, por más que genere escepticismo, obliga a reflexionar sobre el funcionamiento de la justicia en Colombia y sobre los límites entre la persecución política y el combate a la corrupción. La pregunta, ahora, es si este discurso de confrontación resonará con el electorado en un país ávido de soluciones y harto de promesas vacías.