Carapaz despide catalunya en el top-10 y pone fecha al giro: 8 de mayo
Richard Carapaz cerró la Volta con la frente alta y el cronómetro en la mano: quedan 40 días para el inicio del Giro y el ecuatoriano ya tiene la carta de presentación que necesitaba. Décimo en la general, a 3:42 de Jonas Vingegaard, y sexto en la etapa reina de Queralt confirman que la montaña le sigue respondiendo cuando más falta le hace.
La fuga que no pudo ser podio
El domingo, mientras el pelotón devoraba las siete vueltas al circuito de Montjuïc, Carapaz repasaba números. «Nos faltó una renta», admitió sin dramatismo. La escapada del día anterior le dejó a 1:29 de Vingegaard, un margen que en la carrera de la verdad se convierte en muro, pero que en la del prestigio le sirve para respirar. Ha escalado 14.670 m en siete días, ha aguantado los tirones de Evenepoel y ha visto a López desfondarse. Su EF Education le pidió pruebas y él entregó una radiografía de forma.
Lo que nadie cuenta es que la Volta ha sido su tercer stage race en cinco semanas. Tirreno-Adriático (18º), un parón de cuatro días y a correr. «Es una de las vueltas por etapas más duras del calendario», repitió como quien no quiere la bronca. En la zona mixta se olía el alivio: el 2019, el año que besó el trofeo de Milán, también empezó con dudas en la ronda catalana.

Del 18º de tirreno al 10º de barcelona: la cuenta atrás del giro
El dato habla por sí solo: ha ganado 1:48 por kilómetro de desnivel respecto a su actuación italiana de hace un mes. El equipo ya trabaja en los últimos ajustes: le han programado un bloque de altura en Teide y dos días de reconocimiento en los Dolomitas. «No buscamos la hazaña, buscamos la regularidad», soltó su director deportivo, Andreas Klier, mientras guardaba la bici en la furgoneta. El mensaje es claro: sin etapa escapada, pero sin día malo.
Carapaz no quiirá pronósticos. En 2022 partió como favorito y acabó 40º. En 2019 partió como joker y acabó campeón. Ahora llega en puntilla, sin ruido, con la moral engrasada y la cartografía del Giro en la retina. El 8 de mayo en Venecia le dirá si la Volta fue un espejismo o la carta de navegante. Mientras tanto, se permite una cerveza sin alcohol y un «vamos día a día» que suena a mantra y a amenaza.