Castillo le entrega su sombrero a roberto sánchez y desata la tormenta electoral

Desde el penal Barbadillo, Pedro Castillo ha decidido romper el silencio y la estrategia de desentendimiento: respalda abiertamente a Roberto Sánchez, le entrega su icónico sombrero de paño y le encarga recorrer la “Ruta Castillista” hasta Palacio de Gobierno. El gesto no es solo simbólico; es el detonante que reordena la pelea por el voto rural y anti-sistema en la recta final hacia el 12 de abril.

Un sombrero que pesa más que cualquier encuesta

El candidato de Juntos por el Perú ya aparece en el radar de Ipsos: sexto lugar, a solo dos décimas de Alfonso López Chau y Jorge Nieto. La subida no obedece a un gasto millonario en Facebook, sino a un capital político que naden en Lima quiere tocar: el rencor de la sierra contra el “golpe” del 7 de diciembre de 2022. Castillo lo sabe. Por eso, en la carta que publicó la noche del 29 de marzo, firmada como “presidente constitucional secuestrado”, no solo bendice a Sánchez; lo proclama heredero.

La escena huele a venganza. El mismo Sánchez que el 7 de diciembre renunció al Ministerio de Comercio Exterior cuando los tanques aún no habían rodeado el Legislativo, ahora besa el anillo castillista. En la lógica de la derecha, es un voltereta incompatible. En la lógica de la sierra, es la deuda que se paga: el ministro que no traicionó, solo se apartó para no caer junto al jefe.

El fujimorismo revive el fantasma de la rebelión

El fujimorismo revive el fantasma de la rebelión

La respuesta no se hizo esperar. Keiko Fujimori calificó la alianza como “la alianza del terrorismo con el saqueo”. Rafael López Aliaga habló de “narcocandidatura”. Y la fiscalía que aún investiga a Castillo por rebelión volvió a sacar el expediente de Sánchez, aunque ya fue archivado en 2023. El objetivo es claro: pegarle la etiqueta de cómplice de golpista a un candidato que, paradójicamente, nunca pisó un cuartel.

Pero hay un detalle que los opositores omiten: en los 48 distritos rurales donde Castillo arrasó en 2021, el 68 % de los pobladores asegura que “el profesor fue víctima de una traición”. Ahí Sánchez ya no necesita spot: basta con el sombrero. El paño beige, desgastado por el sol de Chota, se ha convertido en la reliquia que certifica que el exministro no es un oportunista, sino el mensajero autorizado para decirles a los comuneros: “El profe volverá, pero esta vez por ustedes”.

La última carta de un presidente sin carné

La última carta de un presidente sin carné

Castillo no puede votar. Ni siquiera puede firmar un cheque. Pero puede escribir. Y lo hace con la furia del condenado que aún se cree presidente. “Descarados y sinvergüenzas son los verdugos del pueblo”, escribe, y menciona por nombre a los medios que lo “secuestran” cada noche en la televisión. Luego viene la frase que ya se tatúan los tuiteros: “Hoy hemos construido juntos una hermandad que trasciende el paso del tiempo”. Es la manera más barroca de decir: si gana Sánchez, habrá indulto.

La jugada tiene riesgo. El mismo día de la carta, la empresa de sondeos CPI publicó que el 42 % de peruanos considera que “Castillo debe quedarse en la cárcel”. Pero ese 42 % vive en Lima. En Cajamarca, Huancavelica y Apurímac, el rechazo al exmandatario cae al 18 %. Son precisamente esos votos los que mueven la línea de flotación de Sánchez, quien ya no necesita colarse en el debate de los ricos: le basta con repetir que “el sombrero es mío, pero la bronca es de todo el país”.

La hora de la verdad en la ruta castillista

Faltan doce días para el cierre de campaña. Sánchez recorre hoy San Miguel de Cauri a 4 200 metros de altura. Lleva el sombrero sobre la cabeza, pero la visera está baja: no quiere que se le vea la cara de cansancio. En cada parada repite la letanía: “No vine a pedir perdón, vine a cumplir una promesa”. La promesa, claro, es la que le hizo a Castillo cuando lo visitó en Barbadillo: “Si salgo, tú sales”.

La ironía es que, mientras los analistas limeños discuten si Sánchez tiene o no “narrativa de gobierno”, en las ferias de productores de leche ya se reparten flyers con la foto de los dos: el maestro y el ministro, separados por una reja, unidos por un sombrero. La gente no pide plan de recuperación económica; pide que “no los vuelvan a engañar”. Y en ese terreno, el símbolo pesa más que el programa.

El mensaje final de Castillo no es una arenga ideológica; es una orden de operaciones: “Roberto, saluda y de mi parte abraza a nuestro querido pueblo. Hazles saber que pronto estaré con ellos”. Traducido: si el 12 de abril Sánchez roza el balotaje, la movilización empezará antes del conteo final. El sombrero ya no es un accesorio; es la vara de mando que un preso le pasa al candidato para que ejecute la venganza que él mismo no puede consumar. La pregunta no es si Sánchez llegará a Palacio, sino si, una vez allí, se quitará el sombrero o lo usará hasta el último día de su mandato.