Ceci flores encuentra a su hijo siete años después: la prueba de adn confirma los restos de marco antonio
La madrugada del lunes, Milagros Flores publicó una fotografía en X: se abraza a una caja de cartón blanca. Dentro hay huesos. “Promesa cumplida, hermano”, escribió. La prueba de ADN que las autoridades se negaron a confirmar en vida ya está en sus manos: los restos hallados en la carretera 26 de Hermosillo son, efectivamente, Marco Antonio Sauceda Rocha, el hijo que Ceci Flores llevaba buscando desde mayo de 2019.
El último pantalón de mezclilla
El 4 de mayo de 2019, Marco Antonio y su hermano menor Jesús Adrián volvían del trabajo en Bahía de Kino cuando un comando las camionetas los cerró. Se los llevaron a los dos. Ceci ya tenía a otro hijo desaparecido —Alejandro Guadalupe, desde 2015— y esa noche se quedó con una sola certeza: el pantalón negro, la camiseta guinda Nike y el zapato negro que Marco llevaba puestos. Ahora, esos mismos fragmentos de tela aparecieron mezclados con los huesos que escarbó ella misma el 24 de marzo. “Abrazo tus restos, es lo que me queda”, dijo entonces. La fiscalía tardó seis días en devolverle la llamada.
La confirmación llegó por vía indirecta: el colectivo Jóvenes Buscadores de Sonora, que dirige su hija Milagros, recibió el dictamen genético. Ceci, todavía sin notificación oficial, grabó un video durante el día: “Yo todavía no he recuperado al mío”. La ironía duele: la mujer que ha encontrado más de mil cuerpos en fosas clandestinas tuvo que enterarse por WhatsApp.

De la amenaza al comander al movimiento nacional
Tras la desaparición, Ceci fue a la casa del hombre que señalaban como autor, un tal “Comander”. Lo encaró frente a sus guardias: “Devuélveme a mis hijos”. Al día siguiente soltaron a Jesús Adrián; el menor le juró que Marco “también viene”. Nunca llegó. En vez de eso, nació Madres Buscadoras de Sonora: 2.000 familias, 1.500 cuerpos exhumados, 1.300 rescates con vida. El caso Marco Antonio se convirtió en su bandera y, al mismo tiempo, en su condena: cada hallazgo la recordaba que le faltaba el suyo.
La búsqueda la llevó a ser declarada persona non grata por la nación comca’ac en mayo pasado, cuando regresó a Punta Chueca para seguirle la pista al mismo Comander. La amenaza de muerte la persiguió durante años; la estigmatización, también. “Las mamás buscadoras nos gritan ‘¡Fosas!’ en la calle como si fuéramos locas”, me dijo una vez en su oficina improvisada, entre mapas y fotos de rostros desaparecidos.

Un cierre que no cierra
La fiscalía aún no ha entregado el cuerpo completo. Ceci lo dice sin dramatismo, con la voz quebrada de quien ya agotó el llanto: “No tengo ni la mitad de mi hijo”. Los restos faltan y, con ellos, la certeza de cómo murió. Pero la frase que cerró el comunicado de Milagros resume el espíritu del colectivo: “Hoy cerramos un ciclo lleno de dolor, pero también de amor y memoria”. La victoria es pírrica: encontraron a Marco Antonio, sí, pero la lista de desaparecidos en Sonora sigue creciendo. Ceci ya no busca solo a sus hijos; busca a todos. Y la carretera 26 sigue ahí, esperando la siguiente pala.