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De vido, al borde del colapso: la salud del exministro se desmorona en ezeiza

Julio De Vido, figura clave del kirchnerismo, lucha contra la adversidad en la cárcel de Ezeiza. El exministro, condenado a cuatro años de prisión por la Tragedia de Once, ha sido hospitalizado de urgencia tras sufrir una arritmia, un episodio que ha expuesto la fragilidad de su estado de salud y reavivado el debate sobre su situación carcelaria.

Un corazón al límite: el diagnóstico que preocupa

El 1 de abril, los médicos del Servicio Penitenciario Federal detectaron una arritmia en De Vido, lo que desencadenó su traslado a un centro especializado en Buenos Aires. Fuentes cercanas al exfuncionario aseguran que se le diagnosticó una fibrilación auricular, un problema cardiaco grave que requirió un procedimiento de emergencia el viernes para estabilizar su condición. Actualmente, permanece bajo monitoreo constante y recibe anticoagulantes por vía intravenosa, mientras se realizan estudios adicionales para evaluar su estado general.

Pero la situación es más compleja. De Vido, según sus allegados, padece diabetes insulino dependiente desde hace más de dos décadas, una comorbilidad que agrava su delicado estado. Además, enfrenta problemas de hipertensión y cardiopatía, enfermedades crónicas que requieren medicación continua. En una declaración reciente, antes de los jueces de la causa Cuadernos, De Vido expresó su desesperación: “Estoy preso y enfermo, pero preferiría morirme en mi casa”. Un lamento que refleja la angustia de un hombre que ve su salud deteriorarse tras las rejas.

La sombra de la causa cuadernos y el pedido de libertad

La sombra de la causa cuadernos y el pedido de libertad

El Tribunal Oral Federal N° 7, presidido por el juez Enrique Méndez Signori, se encuentra a cargo del juicio por la causa Cuadernos, en la que De Vido está acusado junto a la expresidenta Cristina Kirchner y otros 86 imputados. El hecho de que el magistrado suplente, Néstor Costabel, forme parte del TOF N° 4 que condenó a De Vido por la Tragedia de Once añade una capa de complejidad al proceso. Durante su declaración el 17 de marzo, el exministro reiteró su solicitud de prisión domiciliaria, argumentando la necesidad de una atención médica adecuada que, según él, no está recibiendo en la cárcel de Ezeiza.

“Soy diabético, los niveles de glucosa suben y bajan, y además me he puesto hipertenso últimamente”, se lamentó De Vido. Su defensa ha insistido en que la edad del exfuncionario (76 años) y sus problemas de salud lo hacen inelegible para permanecer en prisión, alegando que el Servicio Penitenciario no le provee la insulina ni una dieta adecuada. Sin embargo, tanto el juez Ricardo Basílico como la Cámara Federal de Casación Penal han rechazado estas apelaciones, manteniendo la decisión de que cumpla su condena en la cárcel.

De Vido se ha reservado el derecho de declarar nuevamente en el juicio, rechazando “total y categóricamente por falsa e infundada” la acusación del Ministerio Público Fiscal. Sus palabras, cargadas de frustración y desesperación, ponen de manifiesto la difícil situación de un político caído en desgracia, atrapado entre la justicia y una salud que se desvanece. Lo que nadie cuenta es el peso de una condena, agravado por la fragilidad física y la creciente incertidumbre sobre su futuro.

La Unidad de Información Financiera (UIF) ha sido cuestionada por De Vido, quien considera que no debería ser parte del proceso. La batalla legal continúa, pero la salud de Julio De Vido es el factor determinante en este dramático capítulo de la política argentina. La cifra habla por sí sola: un exministro, dos décadas de trayectoria política y una vida al borde del precipicio.