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La nasa liquida gateway y apuesta todo por una ciudad en la luna antes de 2033

La NASA ha enterrado la estación orbital Gateway. Con un gesto que retumba en las industrias aeroespaciales de Europa y Japón, Jared Isaacman ha anunciado que los 20 000 millones de dólares previstos para la estación pasarán directamente a la superficie lunar. La razón: China no espera y la Luna ya no es un destino, sino un patio trasero que hay que vallar antes de que otro lo ocupe.

La decisión, filtrada horas antes de que la tripulación de Artemis II pisara el Centro Espacial Kennedy, convierte la política espacial de Estados Unidos en una carrera de relevos sin relevo. La base modular, bautizada como Ignition, deberá alojar a astronautas de forma permanente en 2033, fecha en la que Washington cambiará de inquilino en la Casa Blanca y, posiblemente, de prioridades.

Gateway pasa a ser pieza de museo

El módulo HALO, que Thales Alenia Space ya soldaba en Turín, y el I-Hab que la ESA prometía como laboratorio europeo en órbita, aterrizarán ahora en el polo sur lunar. «No es una reubicación, es una amputación», admitió un ingeniero de la ESA bajo anonimato. Los 10 m³ de volumen presurizado que la agencia europea presumía para la estación se convertirán en el dormitorio de cuatro astronautas que no podrán ducharse hasta que la NASA instale un reciclaje de agua que aún no ha sido probado en condiciones de gravedad reducida.

La ruptura deja a la ESA sin un papel protagonista y obliga a Japón a rediseñar su rover presurizado, ahora sin puerto orbital donde acoplarse. La canadiense CSA, por su parte, sigue adelante con el Canadarm3, aunque el brazo robótico flotará sobre la Luna sin una estación a la que agarrarse. «El mensaje es claro: si quieres participar, baja a la superficie», resume Carlos García-Galán, el ingeniero español que coordina la transición. Lleva 27 años en la NASA y, por primera vez, habla de la Luna como quien gestiona una obra municipal: hay que traer luz, agua y cemento antes que los vecinos protesten.

25 Robots y 150 toneladas de hardware antes de que llegue un ser humano

25 Robots y 150 toneladas de hardware antes de que llegue un ser humano

El plan divide la década en tres sprints. El primero, que arranca en 2026, lanzará 25 misiones robóticas: desde el rover VIPER que olfateará hielo en cráteres eternamente sombríos hasta drones saltadores MoonFall que cartografiarán terrenos donde aún no ha pisado ni la sombra de un astronauta. La NASA calcula que, antes de que el primer humano aterrice con intención de quedarse, habrá depositado 150 toneladas de cargamento: generadores termoeléctricos, módulos inflables y tanques de oxígeno que almacenarán el hidrógeno que las celdas fotovoltaicas extraerán del regolito.

La segunda fase, 2029-2033, convertirá la base en un puesto de avanzada industrial. Northrop Grumman aportará módulos que se ensamblan como piezas de Lego blindadas; Blue Origin promete reactores de oxígeno que conviertan el polvo lunar en agua potable. La meta: que cada misión tripulada repita la estancia cada seis meses, una cadencia que convierta la Luna en un destino de trabajo, no de propaganda.

La órbita baja terrestre se privatiza de golpe

La órbita baja terrestre se privatiza de golpe

Mientras la NASA excava túneles en el polo sur lunar, la órbita terrestre se convierte en un mercado de alquiler. La estación Gateway pasará a historia, pero la Estación Espacial Internacional ya tiene fecha de jubilación: 2030. Axiom Space y otros operadores comerciales preparan estaciones privadas que cobrarán por noche lo que un hotel de lujo en Nueva York. La NASA, entretanto, se despedirá de la órbita baja como quien cierra una oficina regional: gracias por el servicio, ahora compren sus billetes.

El giro geopolítico es tan evidente que hasta el astronauta español Michael López-Alegría, que vuela para Axiom, admite: «La Luna se va a parecer más a la Antártida que a la ISS: banderas, leyes marítimas y contratos de exclusividad». La carrera ya no es por plantar una bandera, sino por firmar un contrato de suministro de agua antes que el rival.

El precio de llegar primero: 20 000 millones y una reelección

La factura final del plan Ignition superará los 20 000 millones de dólares antes de que termine el segundo mandato de quienquiera que ocupe la Casa Blanca en 2028. La NASA ha aprendido la lección de Apollo: si no hay una fecha electoral, no hay presupuesto. Por eso Isaacman ha fijado el alunizaje anual desde 2028 y ha prometido que la base lunar será «operacional» en 2033, justo cuando el calendario político vuelva a exigir logros que se puedan fotografiar.

El astrónomo Diego Bagú, que lleva décadas asesorando a la agencia, resume la jugada: «Gateway era un aparato burocrático que nadie necesitaba. La Luna es un puerto seco hacia Marte y, si no te plantas ahí, el próximo vuelo a Marte despegará desde Beijing». La frase suena a bravata, pero la cifra habla por sí sola: China planea su base lunar para 2036 y ya negocia con Rusia los derechos de agua en el polo sur.

La NASA ha cambiado de orbitar la Luna a ocuparla. La próxima vez que alguien mire el satélite, quizá vea luces intermitentes en el cráter Shackleton. No serán estrellas, sino generadores termoeléctricos que avisan: aquí empieza el territorio estadounidense. Y, por primera vez desde 1972, no hay marcha atrás.