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Tiktok llena de mentiras el feed de salud mental: 6 de cada 10 virales son falsos

La mayoría de los videos más vistos de TikTok sobre salud mental no solo carecen de evidencia científica: directamente contradicen lo que sabe la psiquiatría. Un análisis de The Guardian demuestra que más del 55 % de los 100 clips más compartidos bajo el hashtag #mentalhealthtips difunden datos falsos o engañosos, alcanzando millones de adolescentes antes de que un profesional pueda siquiera abrir la boca.

La naranja en la ducha que prometía acabar con la ansiedad

Entre los ejemplos ridículos destaca un tutorial que asegura que pelar una naranja bajo el agua caliente alivia la ansiedad. La doctora Amber Johnston lo resume con una carcajada amarga: «Es tan absurdo como recetar zapatillas para la esquizofrenia». La frase resume el nivel de despropósito que se ha normalizado en la plataforma. Otro viral asegura que escribir 15 minutos sobre un trauma lo borra en una hora. «Revivir sin contención puede desencadenar episodios psicóticos», advierte la psicoterapeuta.

El estudio, revisado por académicos de King’s College y la Royal College of Psychiatrists, detecta un patrón que va más allá del disparate puntual: se equipara cualquier tristeza con depresión, cualquier nervios con trastorno de pánico. «Estamos patologizando la vida normal, y eso vacía de sentido la verdadera enfermedad», lamenta Dan Poulter, exministro de Sanidad y psiquiatra.

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La compañía rechazó la metodología del informe y respondió con un comunicado donde habla de «limitaciones» y defiende el derecho a contar experiencias personales. Lo que no menciona es que el algoritmo premia con visibilidad masiva precisamente los consejos más estrambóticos. Tras la publicación, TikTok retiró tan solo dos de los clips señalados. Asegura que elimina el 98 % de la desinformación perjudicial antes de que sea reportada, pero los investigadores no encontraron evidencia de esas acciones preventivas en la muestra analizada.

El daño ya está hecho: los videos falsos suman 1.600 millones de visualizaciones y copias duplicadas en otros idiomas. «La plataforma se ha convertido en el mayor consultorio clandestino del planeta, sin controles ni responsabilidad», sentencia Liam Modlin, terapeuta comunitario en Liverpool.

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El problema no es solo académico. Los servicios de salud pública del Reino Unido detectaron un aumento del 47 % en consultas de jóvenes que llegan convencidos de padecer trastornos que no tienen. Se presentan con vocabulario de DSM-5 aprendido en 30 segundos de video y exigen medicación que no necesitan. «Perdemos tiempo y recursos en desmontar bulos mientras la lista de espera de quienes sí están críticos crece», denuncia una psiquiatra infantil del NHS.

La industria del coaching y los suplementos ha olido el filón. En los comentarios de los virales proliferan links a masterclasses de 500 euros que prometen «sanar tu trauma en un fin de semana» o píldoras de ashwagandha vendidas como «antidepresivos naturales». El círculo se cierra: la desinformación crea la enfermedad ficticia y luego vende la cura igual de ficticia.

Mientras, el auténtico paciente bipolar o con TOC ve cómo su sufrimiento se convierte en contenido de entretenimiento y su diagnóstico, en etiqueta de moda. «La enfermedad mental no es un estilo de vida, es una carnicería silenciosa», concluye Poulter. La frase debería ser el próximo aviso que salte antes de abrir TikTok: «Peligro: lo que vas a ver puede ser mentira».