Colombia bombardea la amazonía y erra el tiro: mordisco sigue vivo
Las Fuerzas Militares lanzaron el miércoles 25 de marzo de 2025 una lluvia de fuego sobre Pacoa, corregimiento perdido entre Vaupés, Amazonas y Guaviare. El blanco: el campamento del bloque Amazonas del Estado Mayor Central y, sobre todo, Néstor Gregorio Vera Fernández, alias Iván Mordisco, el hombre que cobra vacunas de oro por cada gramo de coca que flota por el río Apaporis. La bomba cayó, el bosón quedó calcinado, pero Mordisco no estaba ahí.
Seis ataúdes, dos hombres y cuatro mujeres, sin capitanes
Medicina Legal recibió los cuerpos a las 2 a.m. del 28 de marzo, tras un trayecto de seis horas en lancha desde San José del Guaviare. La cifra habla por sí sola: cuatro mujeres y dos hombres, ninguno con el ADIS del jefe. El Instituto blindó su informe en tres líneas y cerró la puerta a la especulación: «No se encuentra entre los fallecidos». Ni rastro del hombre que cobra US$8 por cada kilo de pasta que cruza la frontera con Brasil.
En Pacoa, la artillería llegó sin preaviso. Los campesinos escucharon primero el zumbido del Black Hawk y después el cielo se partió. El operativo forma parte del Plan de Ofensiva Militar contra las estructuras residuales de las FARC, lanzado por el gobierno Petro en enero, pero la jugada sale más que cara: cada misil Hellfire cuesta US$115.000 y el premio gordo se escapó entre los árboles.

El error que nadie asume
El Comando de Operaciones Militares del Sur prometió «resultados en 72 horas». Llevan 96 y el silencio es sepulcral. En la zona circula un audío de WhatsApp: «Mordisco se fue por el Apaporis con dos lanchas blindadas». La voz, ronca y con acento brasileño, termina con una carcajada. La Inteligencia militar no lo ha desmentido.
El saldo deja un reguero de preguntas. ¿Quién pagó la fianza de los fallecidos? ¿Por qué el ataque se ejecutó sin confirmación humana sobre el objetivo? Lo que nadie cuenta es que el gobierno acaba de gastar en un solo minuto el presupuesto anual de salud de diez pueblos indígenas del Vaupés.
En Puerto Leguízamo, los comerciantes ya calculan: si Mordisco sigue libre, la tonelada de coca subirá de US$1.200 a 1.500 antes de Semana Santa. La guerra, como siempre, termina trasladándose a los bolsillos.
El Instituto de Medicina Legal selló sus informes, los helicópteros regresaron a base y la selva devoró las cenizas. Pero la cuenta pendiente sigue abierta: seis muertos, cero jefes y un nuevo capítulo en la historia de bombardeos que matan pero no derrotan.