Comunes apuesta por cepeda y quilcué para blindar la paz en colombia

El Partido Comunes, heredero político de las Farc tras la firma del Acuerdo de Paz, rompió el silencio electoral y puso sus fichas sobre la mesa: Iván Cepeda y Aída Quilcué son, a su juicio, la única dupla capaz de garantizar que los acuerdos de 2016 no queden en letra muerta.

La decisión llega cuando faltan 60 días para la primera vuelta y cuando el mapa de alianzas parece un rompecabezas sin terminar. En un comunicado interno al que tuvo acceso este diario, la dirección del partido ordenó a sus militantes movilizar «todo el tejido territorial» a favor del Pacto Histórico. La consigna es clara: la paz no se negocia, se defiende con votos.

El documento que nadie esperaba

«El momento que vive el país nos convoca a actuar con claridad y responsabilidad», reza el texto. Fuentes del partido confiesan que el respaldo no fue unánime: hubo quienes preferían esperar a ver si Petro lograba imponer su candidato oficialista. La presión de las bases, sin embargo, inclinó la balanza. En los territorios donde antes se levantaban check-points de guerrilla, hoy se reparten camisetas rosadas y se organizan mesas de trabajo. La guerra dejó de ser armada, pero sigue siendo política.

Para Comunes, Cepeda representa la continuidad del diálogo que comenzó en La Habana; Quilcué, líder indígena y exsenadora, aporta el capital simbólico de quien ha denunciado masacres desde el interior del Congreso. Juntos forman una fórmula que, según los estatutos internos del partido, «no puede ser neutral ante la justicia social».

El fantasma del fracaso

El fantasma del fracaso

El apoyo no es gratis. Comunes exige a cambio que el próximo gobierno destaque recursos para los 16 escaños de víctimas que aún no se han instalado y que se acelere la devolución de tierras. De los 10 millones de hectáreas prometidas en el Acuerdo, apenas se han entregado 2,3. «Si la fórmula gana y incumple, volvemos a la selga», advierte un excombatiente que hoy lidera una cooperativa de cacao en Tibú.

La circular también revela un dato que nadie había publicado: el partido aportará 42.000 activistas de base a la campaña, la mitad de ellos en zonas donde el Estado llega tarde o nunca. Serán los mismos hombres y mujeres que antes portaban fusiles y que ahora reparten tarjetas de presentación con el logo de la nueva etapa.

El reto es mayúsculo. Las encuestas sitúan a Cepeda en cuarto lugar, lejos de los favoritos, pero en el Caribe colombiano —donde la paz se mide en número de familias que ya no huyen— la intención de voto del Pacto Histórico sube ocho puntos cuando se nombra a Quilcué. «Allí la palabra 'indígena' no es un hashtag, es un escudo contra el olvido», resume una asesora de campaña.

El cierre del comunicado es una advertencia disfrazada de poema: «Seguimos firmes en nuestro compromiso con la reconciliación, la justicia social y la dignidad». La paz, en Colombia, no es un destino: es una deuda que se paga cada día y que, esta vez, se cobrará en las urnas.