Cuerpo avisa: la guerra en irán puede disparar la factura del supermercado

El Gobierno ya no solo vigila la luz y la gasolina; ahora también rastrea cada etiqueta del carrito de la compra. Carlos Cuerpo advirtió ayer que el conflicto en Irán podría colarse en la cesta de la compra antes de que acabe el año.

El vicepresidente primero y titular de Economía calcula entre ocho y doce meses de margen antes de que los costes energéticos se traduzcan en precios más caros en harina, huevos o leche. «Lo vimos con Ucrania: primero subió el gasóleo para el tractor y, un año después, los alimentos», explicó en la SER. El Ejecutivo sacó entonces siete paquetes de medidas. Este lunes anuncia que prepara otro sprint fiscal si la escalada se enquista.

Impuestos a la carta para frenar la inflación

Impuestos a la carta para frenar la inflación

La última tajada de rebajas —electricidad y carburantes— entró en vigor el 20 de marzo. Apenas diez días después, los precios moderaron su carrera. El IPC trepó al 3,3 %, pero sin el efecto energético se habría quedado plano, según Cuerpo. El Banco de España prevé que el índice cierre 2024 por encima del 3 %; el ministro no se moja: «Cualquier previsión se rompe con un tuit sobre el crudo».

El departamento que gestiona Cuerpo ya trabaja en ampliar la reducción de impuestos sobre el diésel agrícola y la electricidad de regadío. El objetivo: que el campo no traslade al consumidor la factura de una guerra que, de momento, solo se ve en los telediarios. «Vamos a estar encima del precio del pan», insistió. Traducción: si hace falta, habrá más desgravaciones.

La incertidumbre, no obstante, campa a sus anchas. El barril de Brent abrió la semana con un 5 % de volatilidad diaria y los analistas no descartan nuevos picos si el estrecho de Ormuz se convierte en zona de guerra. La primera gran subida de la cesta ya se anticipa en los mercados mayoristas: el trigo subió un 6 % en la última quincena y el aceite de girasol cotiza en máximos de los últimos tres meses.

Cuerpo prefiere no hablar de presupuestos adicionales de momento. «Primero agotamos el margen fiscal que tenemos», zanjó. Pero deja la puerta entreabierta: «Si la guerra se alarga, volveremos a la mesa». Es decir: el bolsillo del contribuyente sigue siendo el último escudo contra la inflación.

El ministro no quiso concretar qué parte del esfuerzo recaerá sobre las grandes cadenas de distribución. «Hablamos con todos», dijo, pero fuentes de su departamento reconocen que la negociación con la gran distribución será «muy distinta» a la de 2022. Entonces, los supermercados aceptaron congelar precios de la cesta básica a cambio de beneficios fiscales. Ahora, el margen de maniobra es menor y la guerra, lejos de acabar, empieza.

La próxima estación —la vuelta al cole y la campaña de calefacción— será la primera prueba de fuego. Si el tablero energético se desmadra, el Gobierno tendrá que elegir entre seguir rebajando impuestos o abrir el grifo del gasto. De momento, Cuerpo solo ha dicho que «no descarta nada». Traducción: la factura final aún no está escrita y, como en 2022, podría ser el ciudadano quien pague la diferencia.