California borra a césar chávez del mapa tras abusos: 'no hay héroes intocables'

Stockton amaneció dividido: un lado del mural conserva la figura del líder campesino; el otro ya está pintado de blanco. Ayer, mientras la primera jornada estatal del Día del Trabajador Agrícola suplantaba al hasta ahora festivo 31 de marzo, el consistorio de esta ciudad del Valle Central recogía los gritos de un barrio que ya no sabe si honrar o borrar.

La biblioteca que ya nadie quiere nombrar

En la Cesar Chávez Central Library apenas quedaban voces de niños. En su lugar, anoche, Alyssa Leiva repartía hojas cuadriculadas con 337 firmas: «Retiren su nombre de cada rincón público». La activista de Stockton Stands no pide un debate académico; exige «justicia para las niñas que denunciaron abusos cuando ya no había forma de que él respondiera».

La investigación del New York Times publicada en enero describe al ícono sindical como un depredador que, según testimonios de sus propias colaboradoras, aprovechó el poder de la United Farm Workers para silenciar a menores. California respondió en tiempo récord: la asamblea legislativa aprobó la semana pasada la sustitución del festivo por el Día Estatal del Trabajador Agrícola, una manera de salvar la causa mientras se desprende del héroe.

En el gimnasio de la escuela Edison High, el concejal Sol Enríquez escuchó durante tres horas a vecinos que se turnaban el micrófono. «No podemos borrar la huelga de las uvas, pero tampoco podemos seguir mirando para otro lado», dijo una profesora jubilada. Un veterano del sindicato, con gorra de las UFW, contraatacó: «Si desaparecemos su nombre, desaparecemos nuestro propio pasado». El silencio que siguió fue más denso que el calor de la Central Valley.

El dilema que llega al pleno

El dilema que llega al pleno

La petición de Leiva pide rebautizar la biblioteca como Biblioteca Central del Pueblo. Enríquez, que no se ha posicionado, prometió llevar el pulso del foro al pleno del 14 de abril. Entre tanto, el personal municipal ya recibió instrucciones de no encargar material con el logotipo de Chávez hasta nueva orden.

El coste de cambiar señales, placas y documentación ronda los 180 000 dólares, según el departamento de Servicios Generales. Pero el precio político es incalculable: en un condado donde el 71 % de la población es latina, desligarse del símbolo que consiguió salarios dignos para los campos puede traducirse en votos perdidos.

California ya dio el primer paso estatal. Ahora el debate se replica en los ayuntamientos de Fresno, Salinas y San José, donde activistas preparan sus propias campañas. La gobernadora Gavin Newsom, que firmó la ley de forma exprés, se ha negado a pronunciarse sobre la retirada de bustos y murales. «El movimiento es más grande que cualquier individuo», limitó a decir su portavoz.

En Stockton, mientras tanto, los estantes de la biblioteca llevan días sin nuevos libros. La incertidumbre paraliza las compras y los donantes prefieren esperar. «No vamos a invertir en un nombre que puede desaparecer antes del verano», confiesa una trabajadora que prefiere el anonimato. La comunidad, atrapada entre la vergüenza y la deuda histórica, ha comprendido que la leyenda ya no protege a nadie.