Claude chabrol desenterró: 9 películas que nadie quiere perderte en el san martín
El Teatro San Martín se convierte en una trinchera contra el olvido: del 4 al 12 de abril proyectará nueve títulos de Claude Chabrol en copias restauradas que llegan directo de los archivos de París. La Sala Leopoldo Lugones será el escenario de esta operación de rescate, una alianza entre el Complejo Teatral de Buenos Aires, el Institut Français d’Argentine y la Fundación Cinemateca Argentina. El precio de la entrada: 9.000 pesos para el público general, 5.000 para estudiantes y jubilados. No es caro para mirar de frente a la Nouvelle Vague.
La obsesión de chabrol: crímenes de clase media y miradas que matan
El ciclo se llama Claude Chabrol entre décadas, pero podría titularse Cómo desnudar a la burguesía sin que se entere. Arranca con El bello Sergio (1958), su ópera prima rodada en un pueblo de Vichy donde el retorno del protagonista desata la vergüenza de ver a un amigo convertido en borracho. Cierra con La ceremonia (1995), la historia de una empleada doméstica y una cartera de correos que desatan una masacre contra la familia que las emplea. Entre medio, siete películas del lustro 1968-1973 que son un manual de cómo filtrar el thriller policial por el tamiz del desprecio social.
Los horarios son una ruleta: El carnicero se ve dos veces en una misma jornada, igual que La mujer infiel. La repetición no es casual: Chabrol rodó esas historias con la misma obsesión con la que un entomólogo clava alfileres en mariposas. En Las dulces amigas una millonaria recoge a una artista callejera en Saint-Tropez y el deseo se vuelve un juego de cuchillos. En Bodas sangrientas un político cornudo y su amante planean el asesinato perfecto basándose en un crimen real ocurrido en Côte-d’Or en 1933. La lección: la violencia siempre nace en el comedor de los que tienen mantel.

Copias frescas, olor a celuloide y el miedo a perderse algo
Las copias llegan en DCP desde la Cinemateca Francesa, pero el olor a celuloide queda en la memoria de quienes vieronQue la bestia muera en la sala Leopoldo Lugones hace décadas. La trama es simple: un padre busca al conductor que atropelló a su hijo. Lo complicado es cómo Chabrol convierte la venganza en un ritual de clase: el asesino vive en una mansión, el padre en un departamento de alquiler. El dinero compra la impunidad hasta que el cine la pone en evidencia.
Los tickets se venden una semana antes por la web y en boletería. La lógica del festival es brutal: si te perdés La ceremonia el sábado 11 a las 15, tenés otra chance el domingo 12 a las 18. Pero nadie garantiza que Isabelle Huppert y Sandrine Bonnaire vuelvan a proyectarse con ese mismo filtro de luz que hace que la sangre parezca vino derramado. La Nouvelle Vague no es nostalgia: es un manual de cómo mirar de reojo al poder sin que te cierren la cuenta bancaria.
Chabrol murió en París en 2010, pero su legajo sigue siendo un espejo oscuro. En El carnicero el asesino es también el proveedor de carne del pueblo: la misma gente que le compra el lomo de cerdo le paga el silencio. La moraleja no cambia: el monstruo siempre vive al lado y cobra en cuotas. La Sala Lugones tendre nueve oportunidades para comprobarlo. El reloj corre: faltan días para que las luces se apaguen y la burguesía vuelva a respirar tranquila.