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El mosaico se sale del museo: once provincias argoninas se tatúan de vidrio y barro

El 2 de abril el mapa argentino va a temblar de colores. No será un terremoto político ni una devaluación silenciosa: serán miles de teselas —esos fragmentos de cerámica, espejo o azulejo— cayendo al mismo tiempo sobre paredes, plazas y escuelas de Ushuaia a La Quiaca. El Festival Federal de Mosaico (FeMo) 2026 cumple seis ediciones y, por primera vez, el Congreso de Córdoba le prende la etiqueta de “interés cultural” a un evento que hasta ahora sobrevivía de trueques y facturas en algún galpón del sur.

Las reglas del juego: cada ciudad arma su rompecabezas

Romina Fascendini y Alejandra Martin, las dos gestoras que levantaron el proyecto con mails y colectivos de larga distancia, impusieron una condición que a las secretarías de Cultura les cuesta digerir: ninguna sede recibe un peso si antes no explica cómo va a incluir a los vecinos que nunca agarraron un cortaplacas. Por eso en Plottier van a colocar teselas con textos en mapuche, y en El Calafate las abuelas tejen lana que después se incrusta entre los fragmentos de porcelana. El resultado es un festival sin centro, sin VIP y sin catálogo caro: 31 acciones que arrancan el mismo día a las 17:00 y que nadie puede ver completo salvo que tenga pasajes de avión ilimitados.

La contraparte porteña, claro, mira con lupa. El Ministerio de Cultura de la Ciudad ya puso el sello “auspicio” pero no soltó billetes: presta el Palacio Barolo para que la californiana Andrea Wenner cuelgue 25 años de mosaicos que miden lo mismo que un departamento de 3 ambientes en Palermo. La entrada es libre, pero hay que anotarse con DNI: solo entran 30 personas por visita guiada, y ya hay lista de espera hasta mayo.

Córdoba, la única que se cree dueña del festival

Córdoba, la única que se cree dueña del festival

La provincia mediterránea fue la primera en entender que el FeMo podía convertirse en un ancla turística fuera de temporada. Karen Acuña, legisladora que viene de la UCR pero se hace la independiente, logró que el 2 de abril el recinto le dé un reconocimiento formal al evento. El acto será en el Museo Metropolitano de Arte Urbano, un espacio que antes era un galpón de colectivos y que ahora huele a aerosol y a thinner. Ahí mismo, a las 18:00, van a inaugurar la feria de materiales donde se puede comprar vidrio smalti italiano a 15 mil pesos el kilo o llevarse los descartes de las fábricas de cerámica locales que regalan azulejos rotos si uno firma una ficha de “compromiso ambiental”.

Pero la jugada maestra cordobesa es la intervención en el Parque de la Vida, un pulmón verde que flanquea el río Suquía. Fascendini convocó a 120 alumnos de escuelas técnicas para que reinterpreten el mural original que hizo Juan Carlos Castagnino en 1968, pero con teselas de 1 x 1 cm. El diseño ya generó polémica: algunos vecinos denuncian que la imagen de la “madre cósmica” tiene un aire kirchnerista que no estaba en el boceto original. La respuesta de la organizadora fue tajante: “El arte no es neutro, y menos cuando se hace con manos que tienen 16 años y vienen de barrios sin cloacas”.

El sur que no aparece en los diarios

El sur que no aparece en los diarios

Mientras Buenos Aires se pelea por ver quién pone la alfombra roja, en Ushuaia Maca Demattia prepara un mural colectivo que se va a ver desde el crucero que zarpa hacia Antártida. El tema: Malvinas, pero no el cliché de los soldados con fusil. Van a ser 77 barriletes de cerámica colgando del cielo, uno por cada día que duró la guerra. El material llegó en un camión que partió de La Plata con 800 kg de loza recuperada de las demoliciones del ex Hospital de Niños. El chofer contó que en cada control de ruta le preguntaban si transportaba droga: “Les decía que sí, pero que venía fragmentada”.

En El Calafate, la actividad estrella es la jornada “Crear en comunidad” dentro del Parque Nacional Los Glaciares. La regla es simple: cada participante lleva una piedra. No importa el tamaño. Ahí mismo, un tallerista británico que vive en El Chaltén enseña a cortarla con ángulo de 45° para que encaje en el mosaico sin morir en el intento. El resultado será un mapa de 6 x 3 m que representa el lago Argentino, pero con la particularidad de que cada piedra lleva grabado el nombre de una familia tehuelche originaria. El ancla de hierro que sostiene la obra fue donado por un pescador que perdió la gamba en 1987 y que nunca se la quiso sacar del brazo: “Prefiero que mi tragedia sirva para sostener la historia de los otros”.

Los números que callan el bochinche

El presupuesto total del festival ronda los 28 millones de pesos, pero solo el 12 % sale del Estado. El resto lo ponen los propios artistas, las cooperativas de cerámica y un fondo de crowd-funding que Fascendini abrió hace tres meses y que ya recaudó 7.400 dólares en donaciones de exiliados argentinos en España. La contraprestación es un mosaico de 10 x 10 cm que se envía por correo con el nombre del donante escrito en vidrio de oro 24 k. Hasta ahora, nadie reclamó el suyo.

La perspectiva de género, que suele quedar en folleto, aquí tiene peso específico: el 68 % de los artistas seleccionados son mujeres o disidencias, y hay un comité de ética que revisa que ninguna obra tenga mensajes misóginos. El año pasado, un muralista rosarino quedó afuera porque propuso una “Venus de Milo” con las manos atadas: “No es arte inclusivo si reforzamos el estereotipo de la mujer mutilada”, dictaminó la curadora Mariel Klodzinski entre dos mates.

Cierre de cuentas

El 5 de abril, cuando se apaguen los focos y los WhatsApp dejen de vibrar, el FeMo no entregará premios ni habrá jurado. Solo quedarán 31 obras regadas por el país que, en teoría, resistirán el paso del tiempo mejor que cualquier promesa política. La pregunta no es si el mosaico va a cambiar a argentina, sino si argentina está dispuesta a no romperlo en pedazos antes de que seque la cola. Mientras tanto, Fascendini ya prepara la edición 2027: quiere llevar el festival a la frontera con Paraguay y que los niños de Clorinda reinterpreten el mural de López Pereyra con teselas de marfil traídas en mochilas desde Asunción. La aduana todavía no lo sabe.