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Isabel allende desnuda su método: así se escribe sin miedo ni master

Isabel Allende publica La palabra mágica y, de paso, destroza el mito del genio innato. «Ni siquiera escribía bien el castellano», confiesa a Infobae. La frase suena a grito en la librería: la autora más traducida del español arrastra la misma duda que atenaza a cualquier mortal frente a la hoja en blanco.

De la redacción chilena al bestseller mundial

Fue en la redacción de una revista donde alguien le dio la primera oportunidad. Adulta, madre, recién llegada de años de exilio familiar, Allende se las arreglaba con el idioma que le quedó después de crecer entre embajadas y colegios bilingües. Pinochet la echó del país; Venezuela la obligó a administrar un colegio y a escribir de madrugada para no explotar. De esa sobremesa desesperada nació La casa de los espíritus. El resto es historia que ya conocemos: cuatro décadas, 25 novelas y 74 millones de ejemplares después, la periodista rebelde sigue sin creerse la leyenda.

El truco, asegura, no está en la inspiración divina sino en la disciplina de carnicería: cortar lo que sobra sin piedad. «Mi madre decía que cuando algo no funciona, hay que eliminarlo sin remordimiento. Se refería a ciertas piezas de ropa y a las amistades tóxicas. Yo lo aplico en la escritura y con los maridos», escribe. La frase duele y libera a la vez.

El decálogo que desmonta al escritor perfecto

El decálogo que desmonta al escritor perfecto

Allende no vende un cursillo de autoayuda; ofrece un manual de supervivencia para quienes se ahogan en el propio ombligo. Diez ideas, ninguna pomposa. La primera: escribe sobre tu familia si no sabés por dónde empezar. La segunda: anotá todas las ideas que te persiguen hace años; una de ellas saltará y te morderá. La tercera: leé a tus autores favoritos con lápiz en mano, como quien desarma un reloj para ver cómo funciona. La cuarta: si tu historia huele a autobiografía, alejá al protagonista de vos como si fuera un ex peligroso.

La quinta es pura provocación: «La felicidad no tiene forma ni asidero, es como gelatina, en cambio la desgracia es una estupenda materia prima». Lo que nadie cuenta es que Allende escribe desde la pérdida: el suicidio de su hija Paula, los desplazamientos, las patrias que se le escapan. El dolor, afirma, agarra con pinzas; la alegría se te escurre entre los dedos.

El resto del decálogo suena a clavo: escribí todos los días para ejercitar el músculo, leé recortes de diarios, grabá conversaciones en el colectivo, aprendé a preguntar como el policía que no cree en coimas. Y, sobre todo, relajate. «No es como levantar pesas en el gimnasio. El truco es menos esfuerzo y más placer», sentencia.

El libro llega a las librerías argentinas el 9 de abril, justo cuando la industria editorial local se debate entre la fiebre de los cursos de escritura y la saturación de manuscritos que nadie se anima a enviar. Allende no promete editoriales ni best sellers; ofrece únicamente la licencia para empezar. El resto, como siempre, es trabajo sucio que se hace a solas.