cultura

La procesión que desfiló antes que ninguna en valladolid se prepara otra vez

El Domingo de Ramos de 1533, la Hermandad de la Vera Cruz cruzó la Puerta de San Juan y Valladolid se paró. Nadie sabía entonces que aquel desfile sería la semilla de todas las que hoy saturan de incienso la ciudad. La procesión más antigua de la provincia vuelve a salir dentro de horas, y lo hace con la misma ruta que diseñaron los Reyes Católicos para legitimar su poder contra los judíos conversos.

El privilegio que conserva el siglo xvi

La Vera Cruz no es solo una devoción: es un documento de archivo. Su privilegio ponticio de 1505 —conservado en la Biblioteca Nacional— le otorga el derecho a procesionar con cruz desclavada y palio de terciopelo, algo que ninguna otra cofradía vallisoletana puede ostentar. Ese detalle, que parece una minucia litúrgica, blindó durante siglos la primacía de la hermandad ante las ansias de protagonismo de las cofradías posteriores.

La clave está en el paso de la Santa Cena, tallado en 1542 por Juan de Juni. Mide 3,40 m y pesa 1.800 kg, pero los costaleros lo alzan como si levitara. Es la única imaginería que ha salido todos los años sin interrupción —incluso durante la Guerra Civil, cuando fue escondida en el sótano del convento de San Pablo—. Esa continuidad convierte cada cruce de la Plaza Mayor en un acto de resistencia histórica.

El silencio que nadie ha roto

El silencio que nadie ha roto

En Valladolid se habla poco de la Vera Cruz. Los vallisoletanos la llaman la de los curas porque su cortejo lo integran 300 clérigos diocesanos, el único que mantiene el silencio absoluto durante todo el recorrido. Ni una saeta, ni una banda, solo el roce de las túnicas moradas sobre el empedrado. Ese mutismo, impuesto por el obispo Luis de Zúñiga en 1560, convierte el trayecto en una catedral al aire libre donde cada paso suena como un latido colectivo.

La hermandad no tiene sede propia: custodia sus tronos en la Capilla de San Miguel, un oratorio del siglo XV al que se accede por una puerta sin placas. Allí guardan también el libro de cuadrillas donde figuran los nombres de los costaleros desde 1628. El más reciente, apuntado en 2023, es Miguel Ángel Gómez, cuarto de una saga que ya suma 14 generaciones cargando el paso del Cristo de la Humildad.

La amenaza que llega desde dentro

La amenaza que llega desde dentro

Pero la antigüedad no blinda contra el reloj. La edad media de los hermanos roza los 68 años y la capilla necesita 180.000 € de restauración urgente. El obispado ha advertido: sin renovación de vocaciones, la Vera Cruz podría convertirse en la primera procesión histórica de España en pasar a la historia por abandono. El cabildo ha respondido con un programa de becas para jóvenes costaleros que incluye formación en restauración de madera policromada y un salario simbólico de 200 € por Semana Santa.

La solución puede estar en un detalle que nadie había reparado: el tramo final de la procesión discurre bajo la ventana donde Cervantes escribió parte del Quijote. La asociación de comerciantes de la calle Librería propone convertir ese punto en un mirador turístico con visitas guiadas nocturnas. La mezcla de fervor y negocio irrita a los puristas, pero la caja fuerte de la hermandad solo aguanta dos años más.

El Domingo de Ramos a las 17:30 h, la Vera Cruz volverá a cruzar la Plaza Mayor. Será la edición 491 y, quizá, la penúltima. Mientras los turones fotografían el paso de Juni, dentro de la capilla un costalero de 14 años repite la zancadilla de su bisabuelo. La procesión más antigua de Valladolid no necesita fuegos artificiales: su único espectáculo es sobrevivir un año más al olvido.