Murió pat steir: la pintora que hizo llorar a la gravedad y facturó 2,2 millones por un solo goteo
Pat Steir se negó a «dejar caer» la pintura. La vertió, la arrojó, la desafió hasta que el lienzo cedió y nació la serie Cascadas. A los 87 años, la artista que obligó a la abstracción a respirar como un haiku japonés falleció en su loft de Manhattan el 25 de marzo. Lo confirmaron su esposo, Joost Elffers, y su sobrina Lily Sukoneck-Cohen. El mercado ya había dicho todo: en 2018, Elective Affinity Waterfall se vendió en 2,2 millones de dólares. La factura no era solo por pigmento y tela, sino por haber convertido la física en poética.
De newark al vacío: infancia, pratt y la primera rosa que se suicidó con tachones
Nació en 1938, hija de unos inmigrantes ucranianos que nunca lograron ser artistas pero sí padres de una. La pobreza fue su primera academia: aprendió a dibujar con carbón de la estufa. En 1956 ingresó en Pratt Institute, donde Philip Guston le dio pinceles y Richard Lindner le dio miedo a la dulzura. Su respuesta fueron las rosas tachadas de 1973: un símbolo femenino que ella ejecutaba con la frialdad de un juez. «No era una flor, era un veredicto», dijo una vez. El MoMA colgó esos lienzos y el mensaje fue claro: la abstracción también puede ser un tribunal.
Tras ilustrar libros para Doubleday y Harper & Row, fundó Printed Matter con Sol LeWitt en 1976 y se afilió a la revista feminista Heresies al año siguiente. La militancia no era un cartel en la pared: era la pared misma. En 1982 voló a Kioto para estudiar grabado en madera y regresó con una obsesión: la gravedad como coautora.

Cuando el pincel se volvió innecesario: la noche que la pintura se suicidó para renacer
Subía una escalera de ocho peldaños. Dejaba caer el cubo. No observaba el reloj, contaba latidos. La pintura corría, se partía, chorreaba, se secaba y ella abajo, con un cigarrillo, esperaba a que el lienzo decidiera. Esa nació la serie Cascadas (1988-2025). Cada obra era un acta de nacimiento firmada por la física. Críticos hablaron de «acción sin actor»; ella respondió: «La acción soy yo, solo que me escondo detrás de la ley de Newton». El mercado, que entiende de leyes, pagó los 2,2 millones sin parpadear.
Galerías cambiaron. Pasó de ser leal a la galerista Brooke Alexander a fichar por Lévy Gorvy Dayan en 2016. Las ventas se dispararon, pero Steir seguía subiendo su escalera como quien va a tender la ropa. En 2023, Hauser & Wirth colgó sus nuevas piezas junto a obras de Mickalene Thomas. La anciana de 85 le dio una lección a la joven estrella: «El pigmento no entiende de edad, solo de vértigo».

El testamento líquido: una retrospectiva en parrish y la apuesta de que nadie imite su mancha
El Museo de arte Parrish inaugurará en julio la retrospectiva que ella supervisó hasta el último aliento. Serán 70 obras, pero la verdadera herencia es un método: «Vertir, no chorrear». Marc Payot, presidente de Hauser & Wirth, resume: «Pat no pintaba paisajes, creaba clima». La frase suena a marketing, pero hay una cifra que desmiente la nostalgia: entre 2018 y 2024, el valor medio de sus Cascadas se duplicó cada año. La lógica del arte contemporáneo es brutal: mientras más imposible de repetir, más caro.
Steir deja un estudio en el West Village con olor a trementina y un cuaderno abierto en la página 118. Ahí escribió: «La gravedad es la única crítica que nunca me ha fallado». La frase será leída en la retrospectiva. El público pensará que es una metáfora. Los que la conocieron saben que era una advertencia.