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Un rembrandt escondido en un desván desata la guerra de expertos entre londres y chicago

El viejo del collar de oro ha dormido siglos en la penumbra de una mansión inglesa mientras su gemelo colgaba del museo de Chicago. Ahora, un especialista en Rembrandt sacude el mercado del arte con una tesis explosiva: la copia podría ser el verdadero original y la pieja codiciada la réplica. La polémica viaja a miles de dólares por centímetro cuadrado de lienzo.

Gary Schwartz, el detective de la pincelada neerlandesa, desmonta la sentencia de 1912 que relegó la obra de Sir Francis Newman al ostracismo. Su argumento no se sostiene en la intuición: apela a microanálisis de pigmento, a ausencia de repintados propios de aprendices y a la costumbre del propio Rembrandt de clonarse para doblar beneficios. La ciencia le da la razón: el Hamilton Kerr Institute certifica que lienzo y preparación coinciden con los usados por el maestro entre 1632 y 1633.

Por qué un milímetro de pintura vale millones

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El Instituto de Arte de Chicago no se rinde. Sus técnicos mantienen la etiqueta de «taller de Rembrandt» tras detectar en su tabla correcciones que la versión británica no posee. Argumentan que las variaciones en el modo de pintar las pestañas —rascar la capa húmeda frente a superponer claros— revelan dos manos distintas. La institución prefiere la prudencia: admite que «el debate evoluciona», pero no blanquea aún la factura.

Lo que está en juego sobrepasa el orgullo académico. El cuadro, tasado hasta ahora en unos modestos cientos de miles de libras, podría dispararse hasta los nueve ceros si el Rembrandt Authentication Board cediera. El mercado ya olfatea el golpe: seguros renegociados, préstamos congelandose y subastas que observan desde la barrera listas para saltar.

Sir Francis Newman confiesa que la incertidumbre le ha permitido disfrutar la obra sin la presión del museo. Su bisabuelo compró el retrato en 1898 guiado por el corazón; hoy podría convertir a la familia en nueva entrada de la lista Forbes. La última vez que el lienzo se atrevió a salir fue en 1952; tras la exposición conjunta que se abre este mes en Chicago, tal vez no regrese a la oscuridad.

La disputa obliga a revisar decenas de «copias» almacenadas en sótanos y palacetes. Schwartz avisa: si este cae, otros caerán. El negocio de los viejos maestros se prepara para un terremoto de etiquetas. Mientras, el anciano del collar sigue mirando desde la pared, impasible, como quien sabe que el tiempo, y no los expertos, dictará la sentencia final.