Defensa desoye la tregua y fija objetivo: calarcá caerá

El ministro Pedro Sánchez acaba de ponerle fecha de caducidad a la impunidad de Alexánder Mendoza, alias calarcá: «Debe ser capturado». La frase, lanzada en directo desde Caracol Radio, suena como un disparo de salida en medio del fuego cruzado diplomático que atraviesa el proceso de paz con las disidencias del Estado Mayor de los Bloques y Frentes (EMBF).

La contradiccción es demoledora. Mientras la mesa de diálogo sigue abierta y la orden de captura contra el jefe disidente permanece suspendida, el titular de Defensa despacha en cinco segundos el alma del proceso: «Vive de las economías ilegales, no hay objetivos ideológicos». Traducción: calarcá es, para el Gobierno, un capo disfrazado de guerrillero.

La semana pasada, Luz Adriana Camargo avisó: si en siete días Petro no reactiva la orden de detención, la Fiscalía lo hará por su cuenta. El plazo vence en 48 horas. El ministerio, entonces, se pone a la defensiva: «Actuaremos cuando lo decida el presidente», repite Sánchez, pero el subtexto es claro: la caza ya está autorizada, solo falta la firma.

El EMBF no es un monolito. Se fracturó en tres frentes y el bloque Jorge Briceño —el de calarcá— es el que más dinero mueve: rutas de coca hacia Brasil y Venezuela, minas de oro en Guaviare y un reguero de asesinatos de líderes sociales que, según el informe que guarda la Fiscalía, incluye el crimen de un activista indígena en julio pasado. La prueba: un celular incautado en un control militar que habla de la ejecución como «un mensaje a los sapitos del Gobierno».

Petro, entre la espada y la pared

Petro, entre la espada y la pared

El mandatre se juega su credibilidad internacional. Si ordena la captura, dinamita la mesa de paz que él mismo inauguró. Si la retarda, se expone a que la Fiscalía lo acuse de obstrucción y a que Defensa actúe por su cuenta. En el Palacio de Nariño saben que la decisión ya está tomada: el operativo está listo, los uniformes esperan la llamada.

La última vez que un ministro de Defensa colombiano usó la palabra «debe ser capturado» en público, el objetivo cayó tres días después. calarcá, avisado, ya no duerme dos noches seguidas en el mismo lugar. El reloj de la fiscalía marca 48 horas. El del ministro, menos.