Del nido se entrega: el consejo se va si llega sergio ramos

José María del Nido Carrasco ya no se agarra al sillón. El presidente del Sevilla admitió este martes que, si el grupo inversor que lidera Sergio Ramos acaba comprando el club, su actual consejo de administración se disolverá. Lo dijo sin dramatismo, casi con resignación, tras ofrendar flores a San Benito: «Me imagino que no seguiremos».

La frase suena a epitafio de una era que comenzó con ilusión y terminó en números rojos. Del Nido dejó claro que, si la operación no se cierra, él se aferra al cargo gracias a un pacto de accionistas que le asegura mayoría en la junta. Pero el mensaje fue implícito: el terreno ya no es suyo.

La due diligence que nadie ve

El mandatario se escudó en la ignorancia. No sabe si la auditoría financiera ha terminado, ni qué pasará mañana. «No tengo participación en el proceso ni capacidad para ver el futuro», repitió, como quien se aparta del volante antes del choque. Lo que sí sabe es que el club lleva cuatro años tambaleándose: nueve entrenadores, ventas forzadas y un equipo cosido con 250 000 euros tras vender a Badé y Lukebakio.

La cifra habla por sí sola: treinta millones de euros en nóminas no están ni convocados. Del Nio asume la responsabilidad, pero achaca el desaguisado a una cadena de errores que empezó con Monchi y siguió con Orta y Cordón. «Algo no ha funcionado», dijo, y en esa breve frase cabe medio siglo de frustraciones.

El adiós a almeyda y la promesa de un estadio que aún no nace

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Confesó que echar a Matías Almeyda le dolió «personalmente», aunque el error fue «obvio». Ahora confía en Luis García Plaza para mantener al equipo a flote: a tres puntos del descenso, con una plantilla de saldo y la afición pidiendo a gritos un milagro.

Mientras tanto, el proyecto faraónico del Sánchez-Pizjuán sigue en el cajón. Del Nido prometió que las obras arrancarán en julio de 2027, después de que el Ayuntamiento le diera la razón en un informe urbanístico. La fecha suena a chiste negro: para entonces, el club puede estar en manos de Ramos y de fondos de inversión que aún no han pisó Nervión.

La escena fue gótica: un presidente sin poder, un club en venta, un santo con flores y un futuro que se escapa por la puerta de atrás. Del Nido se fue sin responder preguntas. No hacía falta: su silencio ya era el epitafio.