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Burruchaga desbloquea el 450: el tenis argentino bate otro récord en san pablo

San Pablo amaneció con acento porteño. Mientras la ciudad aún digería la resaca del Carnaval, Román Burruchaga le dio al tenis argentino su regalo número 450 en el circuito Challenger: un triunfo que pesa lo mismo que cuatro décadas de historia y que nadie, salvo los cronistas de la ATP, contabilizaba al dedillo hasta ayer.

De la rabia del tie break al festejo en la pista rápida

El partido fue un manual de resistencia. Faria le rompió el saque en el primer set y se lo llevó en el desempate; Burruchaga respondió cambiando la altura del revés, retrasando el tiempo entre punto y punto, obligando al luso a golpear fuera de su zona cómoda. El 6-4 del segundo parcial fue tan demoledor como silencioso: 42 minutos que dejaron a Faria hablando solo. En el tercero, el porteño de 24 años ya no pedía la bola al cielo: la mandaba directo a la línea de fondo, donde el ranking 128 no encontró respuesta. 2 h 37 min, 450 para el historial argentino y cuarta copa en la mochila de un tipo que aún no ha pisado un Masters 1000.

Lo que nadie cuenta es que Burruchaga ganó este torneo con el mismo hilo dental de costumbre: raquetero de 315 gramos, cordaje a 24 kg y la zapatilla dereva medio número más grande para soportar la arcilla rápida paulista. Detalles que, mirados desde la tribuna, parecen nimiedades; pero que en el circuito Challenger marcan la diferencia entre el vuelo de vuelta a Ezeiza el lunes o quedarse una semana más comiendo feijoada sin premio.

San pablo, la coartada perfecta para la renovación

San pablo, la coartada perfecta para la renovación

El título catapulta a Burruchaga al puesto 136 del ranking y le da entrada directa a la qualy de Roland Garros, aunque él prefiere hablar de «gestión de energía». La gestión, en realidad, la hizo el sistema argentino: desde 1990 hasta hoy, los Challenger fueron la incubadora donde Franco Davin, Gastón Gaudio y hasta Juan Martín del Potro aprendieron a ganar antes de saltar al gran escenario. Ahora la incubadora produce campeones cada tres semanas. Siete en lo que va del año: Ugo Carabelli en Rosario, Justo en Tigre I, Díaz Acosta en Tigre II, Navone en Cap Cana, Olivieri en Santiago, Trungelliti en Kigali y el propio Burruchaga en la megalópolis brasileña. La lista suena a plantel de fútbol, pero es solo la nómina de un país que se niega a que sus tenistas duerman en el limbo del 200º puesto.

La cifra habla por sí sola: 450 trofeos repartidos entre 89 nombres distintos. Carlos Berlocq encabeza el podio con 19; Máximo González le sigue con 17; Horacio Zeballos, con 15. Abajo, los recién llegados. Burruchaga ya suma cuatro y promete más, porque la arcilla de San Pablo le sabe a azúcar y porque su equipo –padre incluido, aquel Burruchaga que dio la medalla olímpica de Atenas– planifica cada desplazamiento como si fuera una operación de inteligencia.

El día que la legión se quedó a un paso del barrido

El día que la legión se quedó a un paso del barrido

Mientras el porteño celebraba con una cerveza sin alcohol en la sala de prensa del Club Pinheiros, Juan Pablo Ficovich y Guido Justo empataban sus respectivas finales en Morelia y Bucaramanga. Perdieron, sí, pero la derrota les llegó con sabor a clasificación: Ficovich escaló 22 puestos y Justo, 19. El efecto dominó del argentino ya no depende de quién levante la copa; basta con llegar al sábado para que el ranking ATP parezca un pasapide de Aerolíneas Argentinas. Lo que nadie cuenta es que, desde enero, la delegación nacional acumula 43 victorias en finales de Challenger: 33 fueron para llevarse el trofeo y 10 para quedarse con la medalla de plata. Un récord que ni la Federación misma tiene archivado.

El circuito Challenger, históricamente, fue el patio trasero donde los europeos probaban raquetas y los latinoamericanos probaban suerte. Argentina lo convirtió en un patio de butacas: cada torneo es una función distinta y el reparto de papeles se renueva sin aviso. Burruchaga lo sabe. Por eso, cuando le preguntaron si soñaba con el Top 100, respondió: «Primero quiero el 135 bis». El periodista que llevaba la grabadora pensó que era un chiste; el que escribía la nota entendió que era un plan de carrera.

San Pablo despide la semana con 450 razones para creer que el tenis argentino no depende de un solo genio. Depende de una fábrica que nunca cierra. Y la próxima entrega puede estar más cerca de lo que parece: el Challenger de Aarhus, en Dinamarca, arranca dentro de diez días y la lista de inscripción ya huele a mate.