El caos del azteca estrena su nueva cara: brugada se come la bronca
La fiesta del futbol terminó en taco. Miles de aficionados llegaron caminando kilómetros, sudando la camiseta antes de entrar al estadio. El motivo: el gobierno de Clara Brugada cerró el estacionamiento del Estadio Ciudad de México y apostó todo al transporte público. Apuesta perdida. Las filas se enroscaron como serpiente en San Diego y la gente estalló en X.
El tuit que encendió la mecha
David Faitelson, que no se anda con rodeos, soltó: «La Ciudad fue un caos ayer». Apuntó directo a Brugada y a Gaby Cuevas: «Pónganse a trabajar, señoras». En menos de una hora, el mensaje se volvió réplica colectiva: vecinos que no iban al partido también se ahogaron en el tráfico. El operativo de movilidad, pensado para lucir ante la FIFA, se convirtió en imagen de incompetencia.
El problema no fue solo la distancia. El Metrobús y el Tren Ligero colapsaron. Las taquillas del ITE se cerraron por «saturación». Y los autobuses de red de cortesía llegaban llenos antes de tocar la avenida Insurgentes. Resultado: familias con niños caminando 4 km bajo el sol de marzo, mientras los vendedores de agua ambulante marcaban up-price: 30 pesos el botellín.

El 2026 acecha y la lección duele
El partido México-Portugal fue ensayo para el Mundial. Javier Aguirre, feliz con el césped «primoroso», no tuvo que lidiar con la calle. La FIFA tomó nota: si el estadio no puede vaciarse en 90 minutos, habrá sanción. El costo de la remodelación superó los 300 millones de dólares; el costo político empieza a contarse en menciones negativas.
Brugada heredó una ciudad que se jacta de tener el Óptimo Índice de Movilidad y ahora debe explicar por qué ese índice se desplomó en tres horas. El secretario de Movilidad, Oliver López, prometió «ajustes» antes del próximo partido. El ajuste real: devolver el estacionamiento al público o multiplicar la flota de buses. De lo contrario, la imagen del azteca será la de un coloso hermoso rodeado de gente enfadada.
La advertencia de Faitelson no es un simple estallido televisivo. Es el reflejo de una ciudad que ya no agupa más bajo el mismo error: planificar para la foto, no para la gente. Si el gobierno no corrige, el 2026 no traerá turistas; traerá memes. Y esos no se borran con campaña.