Franco torres desnuda la fórmula que pone a los chankas en la punta del apertura
Andahuaylas respira fútbol a 2 900 metros y el nombre que más se escucha en las calles empedradas es el de un enganche que nunca fue delantero. Franco Torres, el ex River que llegó a Perú para rescatar un sueño, ya lleva nueve goles en el Apertura 2026 y explica por qué su equipo pasa de ser la sorpresa al candidato que nadie quió enfrentar.
La revelación del mediocampista argentino
Torres se ríe cuando le recuerdan que fichó como organizador. «Yo toco y voy al área, no me importa el cartel», dice. De hecho, sus goles vienen de córners, tiros libres y rebotes que él mismo busca dentro del rectángulo. La estadística es brutal: convierte cada 67 minutos, la cifra más baja del torneo entre armadores, y ya igualó la marca de goles de su mejor temporada en Colombia, pero a mitad de camino.
Lo que nadie cuenta es que entrena doble turno y revisa los videos hasta la medianoche. «Llego a casa, ceno con mis hijos y me pongo la jugada en loop hasta que entiendo qué fallé. Si no lo hago, no duermo», confiesa. Esa obsesión contagió al vestuario. Adrián Quiroz, el zurdo que acaba de debutar con la selección, asegura que «Franco te grita si dejás de correr, pero después te abraza».

La altura como arma secreta
El Estadio Los Chankas es una olla sin grada: la gente se apolla en las bardas y el balón vuela más rápido. Torres admite que el primer año le costaba dominar el control en esa altura. «El año pasado me llegaban centros y la pelota me explotaba en el pecho; ahora la bajo de espaldas y ya tengo al arquero de frente», grafica. El cuerpo técnico midió que los rivales tardan 42 segundos en recuperar la frecuencia cardíaca normal cuando llegan a Andahuaylas; Los Chankas lo aprovechan presionando 20 metros más arriba.
Walter Paolella, el DT, ya no esconde el plan: «Vamos a la guerra cada fin de semana, pero con calculadora». El 3-5-2 se vuelve 5-2-3-1 sin cambiar nombres; los laterales se transforman en extremos y Torres aparece como segundo punta. El resultado: goleadas a Universitario y Sporting Cristal, los gigantes que antes los miraban por encima del hombro.

El vestuario que soñaba gallese
Pedro Gallese, portero de la selección panameña y ahora rival en Deportivo Cali, sigue la tabla desde Colombia. Torres se niega a darle consejos: «¿Cómo le voy a hablar a quien atajó un penal en el Mundial? Solo le mando fuerza y le digo que pronto va a tener que sacarnos otra vez el balón del fondo». La broma esconde orgullo: Gallese fue su compañero en el título de Cali y ahora ve cómo su ex club suma más puntos que cualquier otro equipo de Perú.
La clave del grupo está en la rotación. Abdiel Ayarza, otro que nunca fue '9', suma cinco tantos saliendo desde el banco. «Entramos y la red se hace más grande, eso es mental», resume. El capitán, Luis Take, controla los egos con una regla no escrita: quien se queje de minutos, entrena el doble al día siguiente. Hasta ahora, nadie faltó.
La cuenta regresiva hacia la gloria
Faltan 12 fechas y la ventaja sobre Alianza Lima es de cuatro puntos. Torres desactiva la euforia: «Nosotros no tenemos historia, ellos tienen estrellas. Cada punto es una página en blanco que firmamos con sudor». La frase resume el espíritu de un plantel que cobra la décima parte de los presupuestos grandes, pero que ya vendió 8 000 camisetas en marzo, récord para un club sin títulos.
La noche del domingo, después de vencer 3-1 a Binacional, la ciudad iluminó el Cristo de Andahuaylas con la camiseta violeta. Torres abrazó a su mujer y a sus dos hijos entre el humo de los petardos. «Les dije que todavía falta, pero que ya nadie nos va a sacar de la pelea», cuenta. A sus 29 años, el mediocampista que fue descarte en River y vagabundo en ligas menores tiene la posibilidad de meter a Los Chankas en la Libertadores. Si lo logra, la fiesta no será solo en la sierra peruana: será la revancha de todos los que nunca tuvieron una oportunidad en la elite. Y ahí no hay altura que lo detenga.