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Haití se viste de esperanza: su nueva camiseta para el mundial 2026 lleva la palma y la historia

La última vez que Haití jugó un Mundial, Nixon firmaba su dimisión y el disco del año era Dark Side of the Moon. Han pasado 52 años, y la marca colombiana Saeta acaba de coser en una tela toda la esperanza de una isla que regresa al mapa del fútbol con una camiseta azul que huele a madera de palma real y a grito de independencia.

El uniforme que no puede comprarse en puerto príncipe

La versión oficial, la que sudarán los futbolistas en Boston, Filadelfia y Atlanta, ya se vende a 500.000 pesos (126 USD) en la web de Saeta y en dos tiendas de Bogotá. La versión barata, la de aficionado, cuesta 339.000. Ninguna está disponible en Haití. El envío internacional no llega al Caribe y el país sigue sin direcciones postales confiables. La ironía: la camiseta que celebra la identidad nacional solo puede adquirirse fuera de ella.

El diseño respira marketing, pero también simbolismo. En la espalda, la palma real —Roystonea regia— se alza como columna vertebral. La misma madera que usan los carpinteros de Puerto Príncipe para sillas y ataúdes. En el costado izquierdo, bajo el corazón, bordaron la bandera izada por Dessalines y Cristophe el 1 de enero de 1804. El cuello y el ribete de la manga son rojo intenso, el mismo tinte de la sangre que no se ha secado en las calles de Delmas.

Una clasificación jugada en cancha ajena

Una clasificación jugada en cancha ajena

Haití no pisó su territorio en ninguna de las eliminatorias. La FIFA, por violencia endémica, le prohibió ser local. Ganó la plaza en Wildey, en Curazao, donde venció a Costa Rica y a Nicaragua. El entrenador francés Sébastien Migné nunca ha visitado Haití desde que firmó el contrato en 2024. Conoce al país por Zoom y por reportes de seguridad. Su plantilla, en cambio, nació en Montreal, en París, en Bruselas. Solo cinco jugadores llegaron a la isla antes de los 18 años.

El regreso al Mundial lleva el sabor agridulce de los que se van. La diáspora financia la clasificación; la diáspora también comprará la camiseta. Saeta calcula que el 70 % de la producción ya tiene destino: Florida y Québec. Allí viven 1,2 millones de haitianos que pueden pagar 126 dólares por una promesa cosida en poliéster.

La camiseta que quiere borrar 1974

La camiseta que quiere borrar 1974

En el único Mundial anterior, Haití perdió 7-0 contra Polonia y dejó a un defensor, Ernst Jean-Joseph, como primer dopado de la historia. Lo encarceló la dictadura de Duvalier. La nueva camiseta, promete la marca, lleva “protección antiolor”. Tal vez así el pasado deje de apestar.

El 13 de junio, en Boston, Haití saltará al césped contra Escocia. La palma real se alzará entre banderas escocesas y camisetas de Brasil. En Puerto Príncipe, los televisores de los bares de Delmas 32 conectarán la señal por cable pirata. Nadie llevará la camiseta original. Pero todos sabrán que, por primera vez en medio siglo, la historia viste azul.