deportes

Juegos bolivarianos: el ipd desilusiona a sus propios héroes

La imagen del deporte peruano se vio empañada ayer en Palacio de Gobierno, donde más de treinta atletas medallistas en los Juegos Bolivarianos Ayacucho-Lima 2025 fueron inexplicablemente excluidos de la ceremonia de reconocimiento. Un fallo informático y una alarmante descoordinación logística dejaron a estos deportistas, algunos de ellos con invitaciones oficiales en mano, esperando durante más de tres horas para finalmente no ser admitidos, generando una ola de indignación y poniendo en jaque la gestión del Instituto Peruano del deporte (IPD).

La espera amarga de reyes y compañía

María Fernanda Reyes, surfista y medallista, narró a La Cátedra Deportes la frustración de haber esperado más de dos horas con la esperanza de recibir el homenaje que, según sus palabras, “todos los medallistas merecían”. Reyes, en un gesto de solidaridad con sus compañeros, renunció a participar en la fotografía oficial, una imagen que, a su juicio, se veía “profanada” por la ausencia de tantos representantes nacionales. “Un buen líder no abandona a su equipo”, sentenció en una dura crítica al presidente del IPD, Sergio Ludeña.

Pero la historia de Reyes no es un caso aislado. Testimonios recogidos por el mismo medio revelan que la espera se prolongó hasta tres horas para algunos atletas, muchos de los cuales, desilusionados, terminaron por abandonar el lugar sin recibir el reconocimiento que les correspondía. La cifra habla por sí sola: un evento que pretendía celebrar el éxito deportivo peruano se convirtió en un símbolo de desorganización y falta de respeto hacia aquellos que lo hicieron posible.

El ipd intenta apagar el incendio

El ipd intenta apagar el incendio

Ante la creciente presión mediática y las críticas en redes sociales, el IPD emitió un comunicado en el que reconoció los fallos en su sistema y las “descoordinaciones” que impidieron el acceso de los atletas al Palacio de Gobierno. La institución se comprometió a organizar un nuevo evento para “reparar el agravio” sufrido por los medallistas, aunque la promesa de una nueva ceremonia ha sido recibida con escepticismo por parte de los afectados, quienes cuestionan si un simple acto protocolario puede compensar el daño moral y la falta de empatía.

El incidente no solo expone las deficiencias administrativas del IPD, sino que también plantea interrogantes sobre la importancia que se le otorga al deporte en el país. Perú se alzó en el tercer lugar del medallero bolivariano, sumando un total de 262 medallas, y se destinaron más de cinco millones de soles en incentivos económicos para deportistas y entrenadores. Pero, ¿de qué sirve la inversión económica si no se acompaña de una gestión eficiente y un respeto genuino hacia quienes representan a la nación en el ámbito deportivo?

La gestión de Sergio Ludeña en el IPD se encuentra ahora bajo la lupa, y el caso de los medallistas olvidados servirá, sin duda, como un duro recordatorio de que el éxito deportivo no se construye solo con logros en la cancha, sino también con una organización impecable y un reconocimiento merecido para quienes lo hacen posible. La promesa de un nuevo homenaje, aunque bienvenida, no borra la imagen de esos atletas esperando en vano, una imagen que deshonra al deporte peruano y a quienes lo defienden con tanto esfuerzo y dedicación.