Molina se juega el puesto en butarque: la última carta de honduras ante perú
José Francisco Molina llegó a la concentración de Honduras con la misma cara de pocos amigos que exhibía cuando atajaba en Mestalla. Ahora no para balones, sino la hemorragia de una selección que lleva ocho partidos sin ganar y cuyos hinchas le gritan ‘¡fuera!’ antes de que dé su primera charla. En el aire, el olor a chamusquina: la Federación le entregó el timón y la dirección deportiva de todas las categorías, un poder que nadie tuvo antes y que, si cae ante Perú este viernes en Leganés, puede convertirse en su epitafio.
La lógica pedía a Mano Menezes, campeón de la Copa Confederaciones y con pasaporte lleno de estrellas, pero la lógico no pesa en las cuentas de una federación que se sabe al borde del abismo. Molina ganó la pulseada con un currículum que suena a videocasete: 42 partidos en la selección española, dos grandes citas y un par de títulos de portero impecable hace dos décadas. Lo que nadie firma es que nunca dirigió un equipo mayor que el Almería B y que su última experiencia en un banquillo de élite fue hace siete años.
El discurso del milagro
En la sala de prensa de Butarque, Molina se apretó la gorra y vendió la guerra como si fuera la final de un Mundial. “Vamos a jugar con agresividad, 1 contra 1, velocidad, compactos, difíciles de robar”, dijo, enumerando los adjetivos que su predecesor repetía justo antes de perder 4-0 contra Curazao. La frase que quedó grabada fue otra: “Quiero devolverles la ilusión a los que lloraron y a los que todavía lloran”. La metáfora del llanto resume el estado de ánimo de una afición que ya no pide juego bonito, solo dignidad.
El contraste lo puso Fabián Gruber, el médico que viaja con la delegación: “Tenemos cinco bajas musculares y dos jugadores con virus estomacal”. Es decir, el milagro debe ejecutarse con suplentes y un medio campo que entrena con bolsas de hielo pegadas a los gemelos.

Perú, el espejo roto
Del otro lado del túnel, Ricardo Gareca no se anda con teatros. Lleva 21 meses sin perder y viene a probar la columna vertebral que pondrá en la Copa América. La FPF filtró la posible alineación con tres cambios: Renato Tapia deja el doble pivote para abrir la cancha a Anderson Santamaría, y Gianluca Lapadula regresa tras limarse una fascitis que lo tuvo dos semanas en la nevera. El mensaje es claro: no vienen de vacaciones.
El dato que nadie menciona en la sala de prensa: Honduras no le gana a Perú desde 2005 y el último enfrentamiento terminó 3-1 con hat-trick de Paolo Guerrero. En las casas de apuestas, la blanquirroja paga 1,55 por euro apostado; la H, 6,50. La brecha refleja el desnivel, pero también la presión: si la ‘bicolor’ cae, Gareca tendrá que explicar por qué su equipo tropezó contra el último de la lista.
La noche que puede acabar en cuchillos
A las 20:45, el estadio lucirá medio vacío: la peña hondureña de Madrid compró 1.800 entradas; la peruana, 5.000. El resto será morbo local que paga 15 euros por ver si Molina cumple o si se convierte en el segundo técnico despedido en lo que va de año. La federación no confirmó cláusula de rescisión, pero en Tegucigalpa ya suena el nombre de Jorge Luis Pinto como plan B.
Molina lo sabe. Por eso, antes de subir al bus, dejó su teléfono en la habitación y le dijo a su ayudante: “Si perdemos, no me llames mañana”. La frase huele a epitafio. El partido dura 90 minutos; su ciclo, quizá un poco menos.