Descubren que los estegosaurios del maestrazco eran todos parientes y vivían junto al mar

El Jurásico Superior tenía playas en lo que hoy es Teruel. Y allí, entre manglares primitivos y arrecifes, los estegosaurios no eran visitantes ocasionales: eran los dueños. Una investigación que acaba de publicarse en Palaeontologia Electronica demuestra que todos los ejemplares encontrados en el este peninsular pertenecen al mismo linaje, el de los dacentrurinos, y que su éxito se debió a un hábito que pocos sospechaban: amar el agua salada.

El maestrazco, un paraíso de placas y espinas

Sergio Sánchez Fenollosa, paleontólogo de Dinópolis y primer autor del trabajo, lleva siete años recorriendo los pueblos turolenses de El Castellar, Jabaloyas, Monteagudo del Castillo, Mora de Rubielos y Riodeva. En cada camino de cabras, en cada talud de carretera, ha ido encontrando vértebras, púas y fragmentos de placas óseas que ahora, tras un análisis comparativo con restos de Alpuente (Valencia), dibujan un mapa claro: Dacentrurus armatus fue la única especie de estegosaurio que pisó la costa jurásica española.

La conclusión desmiente la idea de una fauna mezclada. «No hay rastros de Stegosaurus ni de Hesperosaurus; solo dacentrurinos», dice Sánchez mientras manipula una placa de 1,2 metros encontrada en Riodeva. «La ausencia del resto de estegosaurios no es casual: vivían en el interior. Los nuestros prefirieron el litoral, un ecosistema rico en nutrientes y libre de depredadores grandes.»

Reescribiendo los primeros hallazgos de españa

Reescribiendo los primeros hallazgos de españa

Maite Suñer, directora del Museo Paleontológico de Alpuente, ha reabierto las cajas donde descansan los huesos catalogados en los años 90. «El material clásico de Los Serranos se había etiquetado como Stegosauria indet.; ahora sabemos que es Dacentrurus con características juveniles», explica. La revisión ha permitido reinterpretar doce ejemplares y confirmar que las placas estriadas y los fémures cortos que atesoran los fondos de vitrina no son anomalies, sino rasgos de un grupo replegado en su propio redil evolutivo.

El estudio calcula que los dacentrurinos medían entre 5 y 7 metros, pesaban dos toneladas y portaban placas anchas en el cuello que se estrechaban hacia la cola, donde terminaban en cuatro púas de más de medio metro. «Una armadura de tejado andaluz», broma Alberto Cobos, gerente de la Fundación Dinópolis. «El entramado de lagunas costeras fosilizó huesos y huellas con tal detalle que podemos ver la cicatriz de un mordisco en una costilla.»

España se coloca en la élite del jurásico

Con 42 yacimientos activos y más de 400 restos catalogados, el país se convierte en el primer archivo mundial de estegosaurios litorales. «Tenemos más fósiles que Portugal, Inglaterra y Francia juntas», afirma Cobos. La clave está en la combinación de rocas margosas y arrecifes de rudistas que sellaron los esqueletos como en una cámara de seguridad natural. El siguiente paso es datar los estratos con láser para saber si las poblaciones fueron estables durante los cinco millones de años que duró el Jurásico Superior o si, por el contrario, llegaron en oleadas desde la actual África.

La Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis ya prepara una campaña en el desmonte de la autovía A-23. «Donde ponen asfalto, nosotros encontramos colas de estegosaurio», advierte Sánchez antes de guardar la placa en una caja acolchada. El mensaje es directo: cada nueva excavación puede reescribir el capítulo que ahora cierran los dacentrurinos. Y si el mar volviera a subir diez metros, como hace 150 millones de años, volveríamos a ver sus siluetas pastando entre los pinsapos.