Deslaves en cdmx: la desigualdad social cava la trampa mortal
Las laderas del poniente del Valle de México, con sus exclusivas residencias y centros comerciales, ocultan una macabra verdad: el riesgo de deslaves está directamente ligado al abandono social. Un estudio reciente de la UNAM lo confirma, revelando una correlación alarmante entre la pobreza y la vulnerabilidad ante estos desastres naturales, que se agudizan con la temporada de lluvias.

Un mapa de riesgos, un espejo de desigualdades
La investigación, publicada en PlosOne y liderada por Mario Alejandro Mercado Mendoza, no busca generar pánico, sino ofrecer una herramienta precisa para la formulación de políticas públicas. El equipo, que incluye a Armando Sánchez Vargas y Pierre Mokondoko, utilizó un sofisticado programa informático para mapear zonas de Cuajimalpa de Morelos, Álvaro Obregón, Naucalpan de Juárez y Huixquilucan, identificando cuatro demarcaciones con un riesgo particularmente elevado. Lo que nadie cuenta es que estas áreas son también caldo de cultivo para la gentrificación, un proceso que desplaza a las comunidades originarias y agrava la brecha económica.
El estudio no se limita a señalar el peligro. La cifra habla por sí sola: la coexistencia de barrios de altos ingresos y asentamientos precarios en Santa Fe, por ejemplo, multiplica exponencialmente la exposición a los deslaves para los sectores más vulnerables. Utilizando modelos de aprendizaje automático, incluyendo el método Extreme Gradient Boosted Trees, los investigadores lograron distinguir con precisión las condiciones del terreno, revelando cómo el rezago social actúa como un catalizador del riesgo.
Pero ¿cómo se traduce esto en la práctica? Los investigadores emplearon técnicas como Cópulas y valores SHAP, comparando el resultado con lo que llaman “rebanar un pastel”: en las zonas más pobres, el riesgo es bajo pero persistente; en las áreas de mayor poder adquisitivo, la construcción mitigaría el impacto, pero el peligro resurge en las cimas de las montañas, donde la pobreza y la pendiente se combinan para crear una amenaza latente.
El índice de rezago social del CONEVAL, con sus 15 variables – número de viviendas ocupadas, nivel educativo, acceso a servicios de salud – se convirtió en la brújula que guió el análisis. “Son variables sociales que implican acceso a servicios básicos”, explica Mercado Mendoza, subrayando la importancia de considerar el contexto social en la evaluación del riesgo.
El estudio de la UNAM no es una mera descripción de un problema; es un llamado a la acción. La integración de información social y geográfica podría ser la clave para diseñar políticas públicas diferenciadas, que protejan a las poblaciones más expuestas y eviten que la desigualdad social se convierta en una sentencia de muerte.
La temporada de lluvias se acerca, y con ella la amenaza de deslaves. El informe de la UNAM nos recuerda, con una crudeza implacable, que la seguridad no es un privilegio, sino un derecho, y que ignorarlo tiene un precio demasiado alto.